lunes, 8 de junio de 2015

IBN ZAYDÜN Y SUS NEOCLÁSICAS ELEGIAS DE AL-ANDALUS


Ibn Zaydūn (1003-1070) tiene unas características semejantes a la de su contemporáneo Ibn Šuhayd, del que sólo le separa una vida más larga, pero igualmente intensa. Es el creador, en al-Andalus, de un tipo de elegía que si tiene precedentes en el nasīb, recreada en el neoclasicismo por al-BuGrafíaturī, por ejemplo, inicia una sobriedad serena en el verso, sin términos conceptistas, con figuras retóricas sencillas, como en una depuración del modernismo. El tema de las elegías son los amores y los lugares perdidos, la juventud que se aleja. Es famosa su elegía a la princesa Wallāda, con la que tuvo unos turbulentos amores, en el marco de las ruinas de Medinazahara, poema extraordinariamente traducido por Emilio García Gómez:








Es muy interesante la que a continuación traducimos porque además utiliza un poema estrófico, rompiendo la rima única de la casida, en estrofas de cinco versos, es decir lo que llama la retórica árabe un tajmīs. Escribió el poema en la cárcel, adonde le habían conducido intrigas palaciegas y sus amores con Wallāda. Poco después huiría a Sevilla:



Aspiro, del céfiro, su aura perfumada


que me recuerda, del amor, el deseo;


brilla un instante el fulgor de un relámpago


y brotan, a su conjuro, las lágrimas.


¿Puede, quien amó con locura, no romper en llanto?



¡Amigos míos! Excusada está mi impaciencia;


si paciente pudiera ser, por mi buen natural sería;


si es desgracia lo que hoy nos depara la suerte,


bebamos hoy y mañana nos preocuparemos.


No es prodigio sino cualidad del alma noble.



Las noches son arqueros que saetean desgracias;


los mensajeros del destino me engañan,


mis días paso con mentidas ilusiones


y llego a la noche, con la lentitud de las estrellas.


El astro más lento es aquel que, de noche, vela.



¡Oh Córdoba la bella! ¿No eres tú mi ansia?


¿No está mi corazón gritando por tu lejanía?


¿Volverán alguna vez tus afamadas noches?


La belleza era tu rostro, el placer, tu oído,


toda la dulzura del mundo, tu morada.



¿No es asombroso que pueda vivir lejos de ti?


Como si pudiera olvidar el aroma de tus calles,


como si no estuviese separado de tus linderos,


como si no fuese mi cuerpo criatura de tu polvo,


como si me rodeasen los muros de mis lares.



Tus días son claros, tus noches serenas,


tu tierra es aurora, tus ramas de vino,


tu suelo ropaje, tu cielo un desnudo,


tu aroma arrayán y sosiego del alma;


tu sombra acogedora colma los deseos.



¿Acaso olvidaste el tiempo de ocio en las Cuestas,


la vida regalada en la RuGrafíaāfa


mis estancias en la Ŷa‘fariyya.


¡Qué lugares para el alma, jardín y agua,


qué lugares para la juvenil locura!



¡Cuántas fiestas y tertulias en el Barranco,


junto a los arriates donde miraban los narcisos;


valle con aura, lugar de deseos y ansias,


aún nublado, se soleaba por el resplandor del vino


que aparecía refulgente en la copa!



Nos reunimos en la Fuente del panal, allí empezamos,


volvimos luego y aún fue mejor;


allí llevaron a la novia del placer, hurí de esbelto talle,


dulce sonrisa, mejilla de rosa,


de manos alheñadas con el vino.



¡Cuántas veces cruzamos el Puente,


al palacio del Cristiano, entre colinas blancas!


Pasábamos a la playa en la orilla del río,


donde juguetean los vientos y esparcen los perfumes


de las flores que allí crecen entre cañas cimbreantes!



¡Qué hermosos días que se fueron


en el aljibe de la noria o en el palacio de NāGrafíaiGrafía,


mientras el viento soplaba en los arroyos,


rizando la superficie del agua en las acequias,


y el sol hacía brillar su lanza enrojecida!



¡Qué amable Azahara, la de la bella vista,


con su aura suave como suspiro, de diamantina pureza!


Basta un atisbo de su belleza para admirarla,


jardín del Edén, río del Paraíso,


con sólo mirarla la vida se alarga.



Son lugares donde lloro el amor perdido,


más tierno y fresco que la rosa de jardín;


allí nos vestimos el ropaje nuevo y bordado del amor;


fuimos para el placer ejército poderoso,


nuestro aliado era el perdón, nuestro enemigo el vigía;



la temprana primavera los vistió con brocado


allí llegaron vientos suaves y húmedos,


sus hijos nacieron dulces de carácter.


Todavía nosotros, mañana y tarde,


mandamos saludos a aquellos lugares.



¡Oh amigos míos, a dónde hemos llegado!


No hay principio al que el fin no siga.


Miro cómo contentar a la suerte,


pero la fortuna es adversa y la miseria llega,


dicen que acaba, pero el odio sigue.



Me fui porque la libertad era oprimida;


intenté consolarme cuando estaba triste,


pero siguió desesperado mi corazón,

—85→

pues un país donde soy despreciado, es despreciable


y no estoy dispuesto a envilecerme.



Los enemigos no lograrán borrarme con la cárcel,


pues he visto al sol oculto entre las nubes.


No soy sino sable oculto en su vaina,


león en su cueva, sacre en su nido


o almizcle en su saquillo.



Mi vida se hundió, por diversos devaneos,


al ir hacia vuestros nobles pechos,


de plata, perlas y oro;


rivaliza la luna con las estrellas,


sabiendo que ella es más bella y brillante.



Estoy triste, sin alegría: el vino se avinagra;


no puedo tocar las cuerdas aunque suenen dulcemente,


no dejo de suspirar, aunque me censuren,


no encuentro otro consuelo, lejos de vosotros,


que la llegada de vuestras noticias esporádicas.



Recibid mi alabanza por los días que pasaron dulcemente,


cuando me alegré con vosotros en un mundo bello y frívolo,


que está libre de reproches y aburrimiento.


¡Continuad siendo mis protectores,


para que las viñas de los deseos crezcan libremente!78





Las elegías de Ibn Zaydūn crearán escuela y volveremos a ver poemas de este tipo que cantan desde la lejanía al amor y la patria perdida.


 http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/literatura-hispanoarabe--0/html/ff53f93e-82b1-11df-acc7-002185ce6064_33.html































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