domingo, 14 de junio de 2015

JORGE LUIS BORGES......ANALISIS DEL ALEPH Y UN POEMA A LA LUNA




En el epílogo de la obra " El Aleph ", encontramos un breve comentario acerca de el último cuento de ésta que lleva el mismo nombre del libro, y nos dice: ...En el Aleph creo notar algún influjo del cuento " The Cristal Egg " de Wells.
Herbert George Wells, fue un escrito ingles nacido en 1866 y que falleció en 1946 a la edad de ochenta años. Solía convinar en sus obras, si se quiere, novelas, la aventura con la ciencia. Es dable destacar que The Cristal Egg no fue la excepción.
Es necesaria esta aclaración dado que, en este trabajo, se analizará el último cuento del libro antes citado de Jorge Luis Borges. Y, para adentrarnos a examinar el eidos fundamental de éste es, inexorablemente necesario, hacer una pequeña introducción al respecto.
Borges ha heredado o mejor, concebido, la filosofía existencialista. Eso no es nada nuevo; él mismo realiza constantes citas del filósofo y teólogo danés, Sörem Kierkegaard, precursor de las doctrinas existrencialistas modernas. También sus citas a kafka y Shopenhauer. Cuando uno observa los textos de Kafka es como si los hubiese escrito Shopenhauer dado su inconfundible estilo y su particular forma -como manifiesta el mismo Borges- de describir lo ridículo.
Hago este comentario acerca de los autores ya nombrados, para adentrarnos al tema que nos compete y nos motiva a seguir. Es por eso, que para comprender o analizar El Aleph es necesario entender que tenemos dos potenciales caminos. El primero de ellos -y el más admitido- es el de la comprensión de este cuento mediante el "método borgeano" y el segundo, harto más difícil, es el de incorporar el cuento -especialmente en las partes que ha continuación enfatizaremos- el método fenomenológico. Este último es, sin dudas, en donde pondremos el acento.
Habrá, en este trabajo, dos caminos (entre los infinitos que profesa la imaginación) para intentar -insisto que sólo es el cuento y no la obra- comprender o acercarnos un poco a la "verdad" bosquejada por Borges en su cuento El Aleph.
Nos dice Borges: " El Aleph " es un cuento que me gusta. Me acuerdo de que mi familia se había ido a Montevideo; yo estaba solo en Buenos Aires y lo escribía riéndome, porque me causaba mucha gracia. Este comentario, parece ser con una ironía elocuente, muchas veces típica en los dichos de él.
Cuando hablo de método borgeano, estoy haciendo alusión a la concepción que tomaba Borges para introducirlas en sus obras. Como bien se sabe, Borges fue uno de los fundadores de la escuela Altruista, que hacía hincapié en una renovación radical del espíritu y de la técnica. poética. Ese método, del cual hablaba, no es más que, entre otras cosas, su estilo para aplicar la metáfora, su gran imaginación, su constante apoyo en la anécdota y, el más importante a mi entender, sus razonamientos filosóficos.
El cuento El Aleph, puede tomárselo para comprenderlo como una gran cuento fantástico y con un gran aporte de la metáfora y la imaginación. Por supuesto que esta postura es por demás justificables, ya sabiendo las características del escritor. En defensa de ésta podríamos decir que el agrega una anécdota o creación imaginaria (desconozco realmente si lo que esbozo fue real), más la increíble fruto de la imaginación creando "el infinito Aleph de la calle Garay" -también desconozco si verdaderamente existe esa calle- y para finalizar éste, el grandioso final que encierra, en sí mismo, muchos finales más. Pero, volviendo al "método borgeano", este cuento podría entenderse como que el autor reflexiona frente Al Aleph y pone en éste, todo lo que el universo contiene (el punto donde convergen todos los puntos; fragmento sacado del texto), para reflexionar acerca, no sólo de la muerte de Beatriz Viterbo, sino más bien, sobre la repercusión que tuvo en su vida. Creó imaginariamente un ente, un Aleph, para llegar el fondo de sus cogitaciones laberínticas, de sus miedos, de sus fracasos, de sus recuerdos, de una gran parte de su vida. Hace un pequeño juego de espejos imaginarios en donde el lector se encierra en ese mismo momento en el que el describe el famoso Aleph. Es como si tuviera la intención de demostrar que él ha conocido lo que pocos han podido conocer; es como si el autor se encontrase consigo mismo para reflexionar acerca de su "especial" vida y, vuelvo a decirlo, incorporando una anécdota o una creación ideal como lo fue Beatriz Viterbo.
Esta es el primer punto o camino de análisis del cual ya he hecho referencia; pero, a continuación, veremos una forma un poco más profunda de analizar este "Aleph", con una expansión de la imaginación o, simplemente, de una aparición onírica en mi realidad existencial. Pero más halla de todas las conjeturaciones que puedo hacer o no hacer, resultará por demás interesante el siguiente análisis. Pero, antes de pasar a lo prometido, quiero realizar una síntesis del primera descomposición.
Resumiendo, podríamos decir que: " el autor introduce en una historia una creación ideal, y es esta creación la que posee una particular condición, que será que en un pensamiento finito, concibe algo infinito (El Aleph, de sus dos o tres centímetros) y que los traspasa a comentarios o relatos que lo vuelven a convertir en algo finito para llegar al centro de sus cogitaciones y amparar la historia de Beatriz Viterbo, pero siempre estando -el confuso juego imaginario- dentro, justamente, de su imaginación. Es como si encerrase dentro de su imaginación otra imaginación, es como si crease dentro de su universo finito que son sus pensamientos, un universo infinito que será, posiblemente, sus experiencias o, tal vez, con una mezcla de anhelos, para llegar, quizás, a una comprensión de esa historia o, quizás, a una reflexión sobre su vida o, quizás, para seguir divirtiéndose con su inconfundible metafísica; es muy posible que nunca lo sepamos.
Ahora bien, ya expuesto el primer análisis, veremos a continuación lo que, creo, (incontables veces mis pensamientos recuerdan el cogito ergo sum de Descartes y me planteo, también en incontables veces, de que creo dudar de ese mismo "creo") que dará una comprensión mucho más clara de lo escrito por Borges. Espero no faltar a mi palabra cuando enuncio una claridad en la comprensión; tal vez mi inconsciente torpeza o mi escasez de tiempo existencial y por qué no del -mal llamado- tiempo cosmológico (haciendo alusión a otro existencialista como lo fue Martín Heidegger), que no me hacen ver que cuando enuncio claridad para la comprensión es porque doy por sabido el método fenomenológico, siendo, ahora sí, consciente, de que la fenomenología, resulta muchas veces ser harto difícil para comprender. Pero no habrá que preocuparse por ello -espero también convencerme de lo que estoy diciendo- dado que haré un breve relato de lo que es la fenomenología para que luego, con los conocimientos básicos ya conocidos (incluyendo, por supuesto, las reducciones fenomenológicas que me llevan al análisis), nos adentremos a una interpretación del Aleph, con una leve esperanza de encontrar cierta compatibilidad y un mayor campo de aceptación de la obra; pero debo confesar que me conformo con que se lo tome como una interpretación, una más entre cientos y cientos de interpretaciones.
Ahora nos adentraremos al segundo planteo. Y es, justamente, este segundo planteo algo más complejo del que he hablado con anterioridad, pues requiere, como ya he dicho, desmembrarlo admitiendo que el autor utiliza un enfoque fenomenológico para, así lo estimo, llegar a sí mismo.
Desde mi aspecto de simple lector, hubo un momento que lo considero trascendental en la obra, y no sólo yo, sino también el mismo autor, que dice: Arribo, ahora, al inefable centro de mi relato. Después de ese centro de su relato, me animaría a afirmar que sólo eso resulta importante y dejando el resto del cuento como un mero complemento, con citas, metáforas, anécdotas, etc.
Aquí Borges resume el cuento en dos páginas y le da el significado o esencia al mismo, porque intenta encontrar en una creación imaginaria (El Aleph), a través de el método fenomenológico, que parece llegar hasta su propia esencia, recorriendo los caminos de sus vivencias por medio de sus cogitaciones, saber absoluto, y es aquí donde entra la muerte de Beatriz Viterbo como una mera excusa para justificar que ha visto El Aleph. Una vez que observa esa Aleph, aplica el método ya dicho para llegar a la esencia de todas las esencias: el universo. Pero ese universo no es justamente lo que la palabra delimita estrictamente, o lo que normalmente podemos llamar. Ese universo es el de Borges, el más temido y más admirado por él mismo. El trata de llegar a su propia esencia, es como si el autor intentara descubrirse, es como si anhelara conocer su eidos. Y hay varios pasajes que confirman esta interpretación.
Pero la pregunta que puede surgir es ¿cómo he llegado a esa conclusión?. Pues para responderla, quisiera por partes o pasos, y es el primer paso una breve reseña de lo que significa la fenomenología, para que luego, en la segunda parte del análisis, verifiquemos algunos puntos de la obra y observemos, una gran coincidencia con lo que he concluido. Para comenzar, a continuación veremos de qué se trata la fenomenología.
La fenomenología es una actitud filosófica y a la vez un método. Fue fundada por Edmund Huseerl, nacido en 1859 en Prosznitz, Checoslovaquia. La fenomenología tiende a determinar el ser, y el ser se va a ver en las esencias, y en las esencias se representan a ese ser en la idea del ego trascendental. Cabe aclarar que el ego trascendental es un yo abstracto, universal, no es la suma de cada uno de nosotros, pero si representa el cómo funcionamos nosotros frente al mundo y a nosotros mismos. La fenomenología se maneja con un yo distinto, un yo universal, una especie de esfera que nos engloba a todos, donde el yo es único, abstracto y se encuentra frente al mundo. Imaginemos el momento en el que Borges se enfrenta con el Aleph. Aquí Borges sería el yo concreto y el Aleph el yo universal. A este último lo llamamos ego trascendental. Esto que sale del yo puro, esta parte de actividad que corresponde al yo puro, se llama noesis (estamos hablando con un lenguaje fenomenológico), y esta actividad del yo puro que llega a El Aleph (comprendiéndolo como universo, como punto en el que convergen todos lo puntos), se llama, en la parte que corresponde al mundo, noema. La noesis y el noema constituyen dos polos, subjetivo (Borges) y objetivo (El Aleph), de toda actividad consciente. Aquí estamos ejemplificando de que trata la fenomenología introduciendo parte de la historia.
La fenomenología nos habla de las esencias, éstas son el ser de las cosas en la idea, en el ego, en la consciencia pura del ego, todo es idea, como decía Hegel.
Es dable, dada muchas veces la confusión, entre intencionalidad de la actividad del yo puro con voluntabilidad. No necesariamente hay voluntabilidad de que el yo puro se ponga frente al mundo, porque hay cosas del mundo (recordemos, que en este caso, hablo del Aleph) que se presentan a la noesis sin que haya de parte de esta voluntabilidad. La intencionalidad no es voluntabilidad, no es intencionalidad consciente, es simplemente una dirección de la actividad que parte del yo puro y llega al objeto (Aleph).
La noesis se dirige al noema con una actividad intencional. Y es lo que borges ha hecho, porque su actividad intencional se refería a lo que sus cogitaciones presentaban.
Haremos referencia a una de las tesis de la cual nos habla la fenomenología, y esa será "yo soy". En ésta encontramos sólo dos cosas: el ego y sus cogitaciones. Pero hay algo que no debe confundirse, el universo que percibe a través de la intuición sensible el mismo Borges fue creado por él mismo. En la fenomenología, se toma en cuenta algo que "es" y así como "es" se nos presenta a nosotros y nosotros lo captamos como ese algo que "es" y luego, para llegar a su esencia misma, a su ser, debemos realizar las reducciones.
Borges creó imaginariamente El Aleph. Dentro de su idea, él concebía un mundo, pero se dio cuenta que dentro de ese mundo existe otro mundo, otro universo. Pero no se aparto de sus cogitaciones, sino más bien, con éstas, intentó abrir paso a ese mundo que contienen su mundo. Es como una forma de encontrarse a si mismo, a su eidos, a su ser. Es como si hubiese creado un universo exactamente igual que el que posee. Es como si sus cogitaciones hayan creado otros pensamientos para entender los primeros. Por ello, cuando hablamos de la noesis y el noema, repito, hablamos de algo subjetivo y objetivo respectivamente. En la fenomenología el yo puro se encuentra con algo del mundo, pero este mundo es considerado como lo que observamos como mundo, aquí estamos hablando del plano real, lo que generalmente hablamos como un mundo real. O sea, el yo puro intuye algo que "es" del mundo circundante y después lo analiza. Como ya he dicho, es un método para llegar a la esencia de algo que "es". Él no toma algo del mundo real, sino que toma el universo, su universo, que estará formado por sus vivencias y que serán estas un mecanismo para entender ese universo. Cumple, su experiencia, una doble función. En primer lugar crea un universo que contiene a todo y por otro lado, observa ese universo para encontrarse con su ser, formando una relación yo-mundo, pero siempre encontrándose en su campo psíquico.
Pone en El Aleph, todo lo que sus vivencias conocen y, al mismo tiempo tomas esas vivencias para encontrar su punto, su ser, su eidos. Es una forma de encontrar la esencia de la esencia.
Apodícticamente, hemos entrado un poco en la extensa imaginación de Borges. Pero para entender mejor, veremos cómo aplica las reducciones fenomenológicas y, para esto, es lícito aclarar, de que tratan las mismas.
Son tres las reducciones de las cuales nos habla Husserl, ellas son: psicológica, trascendental y la eidética. Haremos una corta referencias de éstas.
La reducción psicológica ocurre cuando un ego percibe algo y acepta que ese objeto que percibe existe. El objeto muestra ónticamente su existencia. Pero el ego no se conforma con ese simple reflejo, sino que intenta desarrollar una actitud reflexiva. El ego intenta percibirse a sí mismo "en un grado superior". Y lo que percibe es un sí mismo percibiendo ese algo: se percibe cogitando. El primer ego reflejado lo es gracias al segundo ego reflejante. Esta es la reducción de los objetos intramundanos de los puramente psíquicos.
Luego tenemos la reducción eidética que consiste en ir más allá de la facticidad psíquica. Con lo cual debemos acudir al método de las variaciones que consiste en tomas un hecho psíquico cualquiera, pero dentro de ese hecho habrán elementos invariables, que se repiten en todas las percepciones. Una vez eliminado los hechos variables de los fenómenos psíquicos, de las cogitaciones del ego, se logra la reducción eidética, reduciéndose las cogitaciones a su eidos.
Para acabar con las reducciones nos faltaría hablar de la más compleja que es la trascendental. Por medio de ésta el yo pone entre paréntesis todo lo objetivo a lo que sus cogitaciones se refieren. Para la consciencia, el mundo y los objetos son entes intencionales; en este paso se reduce a la intencionalidad de la consciencia del yo que lo piensa, o sea, a ser para la consciencia un fenómeno.
Para Husserl, el mundo es la intencionalidad de alguien, el intentum de los actos en los cuales consiste la vida del ego. Y el mundo en este caso, afirma el autor, no es algo ajeno a la vida, sino inmanente a ella; es porque es para alguien. Si alguien no es, el mundo no es. Porque el mundo es el correlato intencional del yo, y por eso, un momento constitutivo de la vida.
Parecería, en este último comentario de lo que enunciaba en su momento Husser, que hay un gran parecido a la concepción de Shopenhauer acerca del mundo en su libro "El mudo como voluntad y representación"; dado que, en breve, en la intención de ver al mundo, éste se nos representará a nosotros.
Por supuesto que no he hablado de todo lo que significa la fenomenología, dado que implicaría un mayor detenimiento en muchos de sus cuentos. Sólo me limité a esbozar las ideas esenciales de esta actitud filosófica para comprender mejor como actuó Borges frente al Aleph.
Restaría analizar algunos pasajes y allí es, precisamente, donde encontraremos la similitud que he anticipado y veremos que no es una idea burda la de entender que Borges aplicó este método.
Una de las preguntas que se hace Borges es: ...¿cómo transmitir a los otros el infinito Aleph?, y observaremos que las descripciones que da son posibles vivencias existenciales que él ha tenido. Pero antes de entrar en este campo, él nos dice: ..."Los místicos, en análogo trance, prodigan los emblemas: para significar la divinidad, un persa habla de un pájaro que de algún modo es todos los pájaros". Allí, el autor intenta dar comienzo a su relato haciendo alusión a un algo que contiene todo. Luego nos comenta acerca del tamaño del Aleph diciendo: ..."El diámetro del Aleph sería de dos o tres centímetros, pero el espacio cósmico que estaba allí, sin disminución de tamaño". Por supuesto que esto constituye una metáfora, la cual nos muestra la venida de la primera reducción fenomenológica y es, recordemos el ejemplo que he dado antes en donde Borges sería la noesis y el Aleph el noema, cuando se encuentra con ese objeto, lo percibe, lo capta, pero, inmediatamente, su percibe a sí mismo percibiendo ese objeto (El Aleph) y allí donde se percibe así mismo, empieza a describir sus vivencias. Pero aquí ocurre algo particular y es que, cuando el realiza la reducción psicológica no es que se vea a sí mismo viendo el Aleph, sino que el ya es parte de ese Aleph, y queda esta reducción como un verse a sí mismo, pero contenido en un objeto que será el Aleph. Con respecto a esto, él nos dice: ..."vi todos los espejos del planeta y ninguno me reflejó". Es aquí donde el ya es parte del Aleph.
A continuación describe vivencias existenciales propias, recordando situaciones, lugares, mundos que ha visitado en la lectura de libros, etc.
Pero hay un momento muy especial y es cuando dice: ..."vi el Aleph, desde todos los puntos, vi en el Aleph la tierra, y en la tierra otra vez el Aleph y en el Aleph la tierra, vi mi cara y mis vísceras, vi tu cara, y sentí vértigo y lloré, porque mis ojos habían visto ese objeto secreto y coyuntural, cuyo nombre usurpan los hombres, pero que ningún hombre ha mirado: el inconcebible universo". Es indudable que recurrió, en el comienzo de este fragmento, en otra reducción, y esta es la eidética. Como he dicho, se toma una percepción cualquiera (vi el Aleph) y después observa sus variaciones, porque el Aleph reflejaba la tierra y la tierra hacía lo mismo con el Aleph, pero llego un momento donde eliminó todas esas incontables variaciones que le imponía la percepción y fue donde se encontró con su esencia (vi mi cara y mis vísceras) y en su esencia encontró otra esencia (vi tu cara, y sentí vértigo y lloré), aquí Borges se había topado con su ser.
Cuando nos habla de que ningún hombre ha mirado eso que sólo él pudo observar y que lo denomina "el infinito universo", Borges hablaba de él mismo, porque más allá de ese yo puro que podía observarse, había una esencia, un ser, un algo que escondía todo lo que se manifestaba y sólo se lo podía encontrar en el universo de Borges, y resulta ser que en eso que ningún hombre puede ver, sólo él tiene acceso.
Este trabajo esta constituido por dos análisis, el primero lo obtuve cuando leí por primera vez la obra; el segundo, al ver que nada había entendido de esa primera lectura, fue un poco más profundo y quizás, también más ridículo.
Para finalizar, quisiera hacer una breve reflexión acerca de Borges y no sólo de él, sino más bien de la literatura, y no sólo de la literatura, sino de la interpretación. Porque cuando uno se encuentra con un libro, está abriendo un mundo y conociendo un poco de su Dios que viene a ser el autor; y tuve oportunidad de visitar algunos mundos, por ejemplo diría que estuve en esos "dos años de vacaciones" de Verne, o que conocí el "discurso del método" de Descartes, también he pasado y escuchado "los versos del capitan" de Neruda, o participado de "la ética a nicómaco" cuando Aristóteles le hablaba a uno de sus hijos, digo también que he practicado con Chersterton sus "ensayos" y admirado con gratitud a ese cucaracha que encierra el hombre cuando Kafka creó su "metamorfosis" y algunos otros más. Es cierto que muchos mundos me faltan por recorrer, pero me queda de los que ya conozco algo, ese algo que es el resumen de una concatenación de palabras que forman una historia, un libro, una idea; y también es cierto que he observado que más haya de todo lo que se pueda aprehender o dejar de lado cuando pasamos por un libro constituye algo muy importante, pero más importante el aplicar de forma benéfica todo eso que nos dejaron esas páginas, creo que esa es la misión que tenemos los simples lectores como yo y también creo que con este análisis de una obra, perdida entre millones de obras, pude hacer, bien o mal planteado, he dedicado mi tiempo a intentar comprender un poco más acerca de "algo", en este caso hablamos de Borges, en otro quizás hablemos de Sábato u otros, pero haber cumplido esa obligación moral que suele presentarse cuando una libro pasa por mis ojos e intento aplicarla, como ya he dicho, con un comentario, con una frase, con un trabajo, que insisto, puede estar bien o mal hecho, pero ya que hemos hablado de las esencias, mi esencia es honorificar a un grande como seguirá siendo por siempre Borges, tal vez seré conformista, pero con ello me basta. 





 LA LUNA....





Cuenta la historia que en aquel pasado
Tiempo en que sucedieron tantas cosas
Reales, imaginarias y dudosas,
Un hombre concibió el desmesurado

Proyecto de cifrar el universo
En un libro y con ímpetu infinito
Erigió el alto y arduo manuscrito
Y limó y declamó el último verso.

Gracias iba a rendir a la fortuna
Cuando al alzar los ojos vio un bruñido
Disco en el aire y comprendió, aturdido,
Que se había olvidado de la luna.

La historia que he narrado aunque fingida,
Bien puede figurar el maleficio
De cuantos ejercemos el oficio
De cambiar en palabras nuestra vida.

Siempre se pierde lo esencial. Es una
Ley de toda palabra sobre el numen.
No la sabrá eludir este resumen
De mi largo comercio con la luna.

No sé dónde la vi por vez primera,
Si en el cielo anterior de la doctrina
Del griego o en la tarde que declina
Sobre el patio del pozo y de la higuera.

Según se sabe, esta mudable vida
Puede, entre tantas cosas, ser muy bella
Y hubo así alguna tarde en que con ella
Te miramos, oh luna compartida.

Más que las lunas de las noches puedo
Recordar las del verso: la hechizada
Dragon moon que da horror a la halada
Y la luna sangrienta de Quevedo.

De otra luna de sangre y de escarlata
Habló Juan en su libro de feroces
Prodigios y de júbilos atroces;
Otras más claras lunas hay de plata.

Pitágoras con sangre (narra una
Tradición) escribía en un espejo
Y los hombres leían el reflejo
En aquel otro espejo que es la luna.

De hierro hay una selva donde mora
El alto lobo cuya extraña suerte
Es derribar la luna y darle muerte
Cuando enrojezca el mar la última aurora.

(Esto el Norte profético lo sabe
Y tan bien que ese día los abiertos
Mares del mundo infestará la nave
Que se hace con las uñas de los muertos.)

Cuando, en Ginebra o Zürich, la fortuna
Quiso que yo también fuera poeta,
Me impuse. como todos, la secreta
Obligación de definir la luna.

Con una suerte de estudiosa pena
Agotaba modestas variaciones,
Bajo el vivo temor de que Lugones
Ya hubiera usado el ámbar o la arena,

De lejano marfil, de humo, de fría
Nieve fueron las lunas que alumbraron
Versos que ciertamente no lograron
El arduo honor de la tipografía.

Pensaba que el poeta es aquel hombre
Que, como el rojo Adán del Paraíso,
Impone a cada cosa su preciso
Y verdadero y no sabido nombre,

Ariosto me enseñó que en la dudosa
Luna moran los sueños, lo inasible,
El tiempo que se pierde, lo posible
O lo imposible, que es la misma cosa.

De la Diana triforme Apolodoro
Me dejo divisar la sombra mágica;
Hugo me dio una hoz que era de oro,
Y un irlandés, su negra luna trágica.

Y, mientras yo sondeaba aquella mina
De las lunas de la mitología,
Ahí estaba, a la vuelta de la esquina,
La luna celestial de cada día

Sé que entre todas las palabras, una
Hay para recordarla o figurarla.
El secreto, a mi ver, está en usarla
Con humildad. Es la palabra luna.

Ya no me atrevo a macular su pura
Aparición con una imagen vana;
La veo indescifrable y cotidiana
Y más allá de mi literatura.

Sé que la luna o la palabra luna
Es una letra que fue creada para
La compleja escritura de esa rara
Cosa que somos, numerosa y una.

Es uno de los símbolos que al hombre
Da el hado o el azar para que un día
De exaltación gloriosa o de agonía
Pueda escribir su verdadero nombre.

http://testforo.elaleph.com/viewtopic.php?t=8 
http://www.los-poetas.com/b/borges1.htm


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