miércoles, 24 de junio de 2015

SAN JUAN DE LA CRUZ Y SU POEMA "LA NOCHE OSCURA"





San Juan de la Cruz nació el 24 de junio de 1542 en Fontiveros, un pequeño pueblo de la provincia de Castilla y León (España). A los 17 años ingresó en un Colegio de Jesuitas y, cuatro años más tarde, tomó los hábitos de la orden de las Carmelitas y adoptó el nombre de fray Juan de san Matías. Posteriormente se ordenó sacerdote y adquirió su nombre definitivo, Juan de la Cruz.
Tuvo una profunda amistad con Teresa de Ávila y junto a ella fundó el primer convento de Carmelitas Descalzos, una orden de monjes que practicaban la contemplación y la austeridad. Debido a su intento de modificar las bases monásticas de las órdenes consagradas, fue acusado de apóstata y condenado a 9 meses de cárcel en Toledo; donde se dedicó a escribir poesía.
En su obra nos encontramos con un profundo sentimiento religioso, que roza lo místico; además, si se lee con atención, puede notarse una sensualidad y un erotismo encubierto detrás de una profunda vocación religiosa.
  El poema Noche oscura del alma es una de las tres obras más emblemáticas de San Juan de la Cruz y, por ende, de la poesía mística. Las otras dos son el Cántico espiritual y Llama de amor viva. La literatura mística (del griego μυστικός 'ciencia secreta') trata de mostrar la ascensión del alma hasta su unión con Dios. En España, se desarrolló especialmente durante la segunda mitad del siglo XVI, favorecida por  el espíritu contrarreformista de la época de Felipe II, a través del cual se produjo la incorporación a la lírica de numerosos temas religiosos y morales.
El poema se divide en tres partes, correspondientes a cada una de las tres vías o caminos que el alma ha de recorrer necesariamente para su unión con Dios.
La primera vía es la purgativa, también denominada ascética, pues en ella el alma se libera de sus pasiones y se purifica de sus pecados a través de la negación de los sentidos y del intelecto. En el poema, se halla circunscrita a las dos primeras estrofas.
La segunda vía es la iluminativa. A través de ella, el alma, con la consideración de los bienes eternos y de la pasión y redención de Cristo, es alumbrada por la luz de la fe, que le marca el seguro camino hacia Dios. En el poema, se corresponde con la tercera y cuarta estrofas.
La tercera y definitiva vía es la unitiva, en la cual se logra lo que el propio San Juan denominó matrimonio espiritual: la unión entre alma y Dios (a menudo expresada como un abandono en el Otro).
Con todo, a estas tres vías se superpone una estructura en dos partes iguales de cuatro estrofas cada una. La primera es la del camino hasta la unión, definida por el movimiento que genera el verbo 'salir' y por la ambivalencia del símbolo de la noche: oscura primero; luminosa, después. La segunda es la de la unión y carece de movimiento, es descriptiva y estática.
 Cada una de las ocho estrofas que componen el poema es una lira, estrofa desarrollada por el Renacimiento Italiano y que, posteriormente, Garcilaso  aclimató en la versificación castellana al escribir su canción V, A la flor de Gnido. Los cinco versos que posee toda lira nos recuerdan la inclinación del gusto renacentista por el endecasílabo, en general, y por su combinación con el heptasílabo, en particular.
Concluyendo Noche escura del alma es un poema típico de la poesía mística con el que su autor, San Juan de la Cruz, logra transmitirnos las sensaciones que el alma experimenta en su ascenso hasta la unión con Dios. Y lo hace sobre la base de imágenes tomadas del amor humano, de una estructura renacentista perfectamente equilibrada y armónica en su simetría, y de elementos intensificadores basados sobre todo en técnicas de repetición. Todo ello, además, a través de un lenguaje llano y musical, de rimas fáciles poco estridentes.

NOCHE OSCURA
  
 En una noche oscura
con ansias, en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

 A oscuras, y segura,
por la secreta escala disfrazada,
¡Oh dichosa ventura!
a oscuras, y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía,
sino la que en el corazón ardía.

  Aquésta me guiaba
más cierto que la luz del mediodía,
adonde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

  ¡Oh noche que guiaste!
¡Oh noche amable más que la alborada:
oh noche que juntaste
Amado con Amada.
Amada en el Amado transformada!

  En mi pecho florido,
que entero para él sólo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

  El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.

Quedéme, y olvidéme,
el rostro recliné sobre el Amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.
http://www.poemas-del-alma.com/san-juan-de-la-cruz.htm
 https://sites.google.com/site/comentariosdetexto/renacimiento/san-juan-de-la-cruz/noche-escura-del-alma
 
 

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