viernes, 3 de julio de 2015

FRANZ LISZT....LOS PRELUDIOS



 Los Preludios fue terminada en 1851, aunque se había creado varios años antes. Liszt dirigió la Orquesta de la Corte de Weimar en el estreno que se realizó el 23 de febrero de 1854. El poema tonal más famoso de Liszt recibió su nombre por una obra de 375 líneas publicada en 1823 por el poeta francés Alphonse de Lamartine. A pesar del título y a pesar de que Liszt había subtitulado a su composición Según Lamartine, durante mucho tiempo se creyó que la música no tenía nada que ver con el poema.


La razón de la confusión se relaciona con el origen de la música, como conjunto de cuatro piezas para coro masculino, compuesto para la poesía no de Lamartine sino de un oscuro poeta llamado Joseph Autran. Estos coros, llamados los Cuatro Elementos, comparten material temático con los Los Preludios. Pero como lo ha señalado el musicólogo Alexander Maine, este hecho sólo demuestra la relación del poema tonal con los versos de Autran, no su falta de relación con el poema de Lamartine. Verdaderamente, parte del material temático de los Cuatro Elementos no fue compuesto originariamente ni para las líneas de Autran ni para las de Lamartine. Por ejemplo, el penetrante motivo de tres notas que se escucha primero en el tercer compás de Los Preludios fue utilizado en por lo menos otras tres obras de Liszt y tambien abre el final del último cuarteto para cuerdas de Beethoven. César Franck lo usó de modo destacado en su Sinfonía en Re menor. También la gentil llamada del corno en Los Preludios, utilizada asimismo en uno de los coros de Autran, tiene su origen en una ópera de Donizetti.


Liszt compuso el primero de los cuatro coros para un concierto que se realizó en Marsella, en 1844. Los coros restantes fueron escritos algo más tarde y quizá jamás hayan sido interpretados durante la vida del autor. En 1848 el socio de Liszt, August Conradi, orquestó los acompañamientos y Liszt le escribió al poeta Autran diciéndole que tenía la intención de hacer un prólogo del conjunto con una amplia obertura. No está claro si esta obertura fue verdaderamente compuesta o no, pero Joachim Raff afirmó haber orquestado en 1850 una obertura de Liszt llamada Los Cuatro Elementos. Por entonces Liszt se sentía profundamente insatisfecho con los coros, probablemente debido a la mediocridad de su poesía, y había decidido no publicarlos ni interpretarlos.

La obertura orquestada por Raff puede haber sido, en lugar del preludio a los coros, el intento de Liszt de salvar parte de la música coral en un formato orquestal. En cualquiera de los casos, Liszt no se sintió plenamente satisfecho con la obertura, ahora independiente, y buscó una fuente de inspiración literaria apropiada para reelaborarla. Le gustaban las melodías pero aparentemente necesitaba asociarlas con una obra literaria a fin de volver a moldearlas en una forma convincente. Tras infructuosos intentos de interesar a Victor Hugo para que le proporcionara un texto, Liszt dirigió su atención a las obras de su amigo Lamartine. En 1851 el compositor se refirió a una Sinfonía Meditación, basada en Lamartine. Esta "Sinfonía" era probablemente Los Preludios.




El poema de Lamartine está dividido en cuatro secciones principales, que tratan respectivamente sobre el amor, el destino, la guerra y la campiña. Hay tres transiciones que separan a estas cuatro partes. El poema está encuadrado por una introducción y una conclusión que recuerda a la introducción. Esta forma está claramente marcada en el poema, pues las nuevas secciones introducen longitudes de líneas nuevas y también porque la mayoría de ellas están separadas por asteriscos. Liszt basó la forma de Los Preludios directamente en la del poema. Hay cuatro secciones principales, cada una con un estado de ánimo distinto. La mayoría de ellas comienza con una nueva transformación de la melodía de la apertura. Estas secciones están separadas por transiciones. Toda la obra tiene como prólogo una introducción y termina con una coda que recuerda a la introducción.

Según el musicólogo Main, no sólo la forma sino también las variaciones del poema y de la música se corresponden. La sección de amor del poema tiene su paralelismo en el tratamiento del tema principal, suavemente melancólico, por el violín y el violonchelo. El destino cruel del poema está retratado por un allegro tormentoso. La tercera parte principal de la música se corresponde con la cuarta sección del poema. La campiña pastoral está descrita por las figuras del arpa y el corno por encima de una gaita. La tercera parte del poema, la guerra, está reflejada en la cuarta sección principal de la música, que se caracteriza por una marcha.

Además, los pasajes de transición de ambas obras se corresponden. Por ejemplo, la llamada de la trompeta que conduce a la sección de marcha del final está inspirada en el verso: "Es el grito del clarín." No es el único ejemplo de instrumentación sugerida por el poema. A todo lo largo del poema se encuentran referencias a la lira, el arpa y el laúd -todos instrumentos de cuerdas que se pulsan con los dedos-. De modo correspondiente, Liszt presenta el arpa en muchos pasajes y comienza el poema tonal con las cuerdas en pizzicato.

Una razón por la que los estudiosos creyeron erróneamente que Los Preludios no tenían relación con el poema de Lamartine fue que Liszt hizo un prólogo a la partitura con una breve nota de programa, que solamente se refería de un modo vago a Lamartine y que fue escrita no cuando compuso la música sino para su publicación, cinco años más tarde. Aunque aparentemente se trata de una idea posterior, este programa sirve de guía a la música y ofrece en efecto una explicación del título:



¿Qué es nuestra vida sino una serie de preludios a una canción desconocida, de la cual la primera nota solemne es la que hace sonar la Muerte? El amanecer encantado de toda existencia está anunciado por el amor, y sin embargo, ¿en el destino de quién no están interpretados los primeros latidos de la felicidad por tormentas cuyas violentas ráfagas disipan las más caras ilusiones de la persona, consumiendo su altar con un fuego fatal? ¿Y dónde debe hallarse el alma cruelmente golpeada, que habiéndose convertido en juguete de una de esas tempestades no busca olvido en la dulce quietud de la vida rural? Sin embargo, el hombre pocas veces se entrega a la calma beneficiosa que al principio lo encadenó al regazo de la naturaleza. Tan pronto como la trompeta hace sonar la alarma, corre él al puesto del peligro, aunque sea la guerra la que lo convoque a sus filas. Pues hallará nuevamente en la lucha completa autorrealización y plena posesión de sus fuerzas.
 http://www.hagaselamusica.com/clasica-y-opera/obras-maestras/preludios-de-franz-liszt/

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