martes, 28 de julio de 2015

LAS CUATRO ESTACIONES....ANTONIO VIVALDI




El hecho de que Antonio Vivaldi fuera capaz de componer música imaginativa, original y fresca dentro de la estética restringida de la representación literal atestigua su extraordinaria habilidad como compositor y orquestador. Su logro en materia de pintura tonal en Las Cuatro Estaciones fue apreciado de inmediato por el público, la nobleza y la prensa. Estos conciertos, cada uno de los cuales supuestamente describe una estación del año, constituyen la culminación de los experimentos de Vivaldi en música pictórica.

os Conciertos para Violín Opus 8 fueron publicados en 1725 y es muy probable que fueran compuestos varios años antes. Esta obra de Antonio Vivaldi esta formada por doce conciertos para violín y orquesta de los cuales los primeros cuatro comprenden Las Estaciones.

La música descriptiva fue especialmente popular durante el período barroco, tanto en las óperas como en la música instrumental. Los compositores, al tratar de crear un retrato lo mas exacto posible de sus sujetos, respondían a la estética "natural". Los filósofos del siglo XVIII demandaban que todas las artes imitaran a la naturaleza en la forma más precisa posible. En algunas de las declaraciones más extremas de esta posición, la música absoluta era descartada como carente de sentido. Las formulaciones simplistas de un representante de esta estética hoy en día se nos aparecen como exactamente contrarias a los valores musicales defendibles: "Tenemos buenas imitaciones de tormentas, truenos y cosas por el estilo de varios músicos. Solamente es cuestión de seguir este plan y no permitirse ninguna composición vaga o indefinida. En el arte es necesario ir a los detalles y tener siempre a la vista un modelo para copiar. No hay expresión en absoluto sin descripción."

Esta actitud, como lo señala el estudioso de Vivaldi, Marc Pincherle, es la inversa con respecto a las creencias de los escritores posteriores acerca de la música programática:
Su primera preocupación es la justificación o, mucho más probablemente, la negación. Jamás intentan describir; a lo sumo intentaban sugerir ciertos estados mentales en la forma en que aparecerían cuando se los transfiriera a los elevados reinos de la música pura. Si tomamos, por ejemplo, una obra [Pacífico 231 de Honegger] cuyo contenido surge de la evocación remota de una locomotora, aunque se alegue identificar en ella el estremecimiento del tren al partir, el traqueteo cada vez más ruidoso y los miles de sonidos familiares traducidos con una maestría alucinante, hasta el final del recorrido donde se aplican los frenos por última vez. Ya Beethoven había escrito sobre la Sinfonía Pastoral: "Más expresión de sentimientos que descripción", a la vez que tenía una codorniz y un cucú que cantaban en una forma muy similar a la natural.

Sin embargo, en la era barroca, los compositores y el público valoraban la exactitud de representación. Por lo tanto, Vivaldi puso como prefacio a cada concierto de Las Estaciones un poema con lo que se corresponde cuidadosamente la música. Además, incluyó citas específicas de los poemas del prefacio como puntos estratégicos en las partituras.

El humor de cada concierto queda establecido en sus pasajes orquestales introductorios, mientras que la pintura tonal específica queda reservada a las secciones de solos.



El hecho de que Vivaldi fuera capaz de componer música imaginativa, original y maravillosamente fresca dentro de la estética restringida de la representación literal atestigua su extraordinaria habilidad como compositor y orquestador. Su logro en materia de pintura tonal en Las Cuatro Estaciones fue apreciado de inmediato por el público, la nobleza y la prensa.

El concierto de La Primavera se convirtió en favorito de varios violinistas, y fue publicado en arreglos para organillo, museta y flauta. En los días anteriores a los derechos de autor, apropiarse de la obra de un compositor era un acto de homenaje, no de latrocinio. De este modo, Michel Corrette le hizo un gran cumplido a La Primavera al transformarla en una gran composición sacra, como lo hizo Jean Jacques Rousseau en su improbable mutación de la pieza en un solo para flauta.

La popularidad de Las Cuatro Estaciones naturalmente impresionó a los compositores posteriores. Es por eso que estos conciertos contribuyeron en gran medida al creciente interés por la música descriptiva de la naturaleza y de la vida campestre. La tradición pastoral culminó con Las Estaciones de Haydn y la Sinfonía Pastoral de Beethoven.  
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