domingo, 12 de julio de 2015

WOLFGANG AMADEUS MOZART.......CONCIERTOS PARA PIANO




A comienzos del año 1784, Mozart está dispuesto a comprobar si Viena es la ciudad del piano tal y como había afirmado cuando decidió acabar con la situación de servidumbre que sufría en Salzburgo. Los primeros resultados le dan inmediatamente la razón; entre los últimos días de febrero y los primeros de abril toca veintidós veces en público y consigue, para los conciertos que organiza él mismo, 174 abonados.

en su carrera de virtuoso, y para su bienestar económico.

Hasta después del estreno de Las bodas de Fígaro compone, además de catorce conciertos para piano y orquesta, un gran número de obras de gran importancia. Nunca, por otra parte, ha tenido tantos alumnos y nunca después volverá a tenerlos.

Los tres primeros conciertos para piano y orquesta de la época vienesa, los números 11, 12 y 13, fueron ya escritos dos años antes, y de ellos dice su autor que pueden tocarse tanto con una gran orquesta con instrumentos de viento, como reduciendo la cuerda a dos violines, viola y violonchelo. En cuanto a su carácter, los define como intermedios entre “lo demasiado difícil y lo demasiado fácil”, entre lo íntimo y lo brillante, podríamos decir.

El que viene a continuación (K 449), está dedicado a su alumna Babette Ployer, de una familia salzburguesa residente en Viena, aunque lo tocara él para sus abonados. De los conciertos 15 y 16 dice Mozart: “No soy capaz de elegir entre ellos; los dos son de los que hacen sudar”, y acaba pidiendo a su padre y a su hermana que le den su parecer.





Precisamente de Salzburgo llegan ahora buenas noticias; Nannerl se casará en el mes de agosto, y unos días antes escribe Mozart: “¡Por todos los diablos!, ya va siendo hora de que te escriba si quiero que leas esta carta siendo aún una vestal. Unos días más...y se acabó.”

Esto le hace pensar en la situación familiar, y ruega a la hermana que convenza a su padre para que pida la jubilación, “como hombre que ha servido ya largo tiempo” y, con la pensión, se vaya a vivir con ella, o venga a Viena, para no tener que vivir solo. Leopoldo prefiere la soledad a la jubilación y únicamente aceptará al año siguiente hacer una visita a su hijo.

Resulta curioso que, así como no supo elegir entre los dos conciertos anteriores, precisamente de la obra que viene a continuación, el Quinteto para piano e instrumentos de viento (K 452), formulara el juicio más rotundo y más desacostumbrado: “Yo mismo considero que es la mejor obra que he compuesto en mi vida... ¡Cómo me hubiese gustado que la hubiese oído; y qué bien la tocamos! Bueno, si tengo que decirle la verdad, quedé deshecho después de tocar tanto, aunque, dígase en mi favor, mis oyentes no se cansaban nunca.”

Dedicado también a la señorita Ployer como el Nº 14, el concierto en Sol mayor Nº 17 sobresale entre todos los que ha escrito en Viena hasta la fecha; es más rico, más intenso en sus dos primeros tiempos, y el allegretto final," un tema con cinco variaciones, tiene una larga coda en la que aparece el espíritu de la ópera cómica. También en el concierto siguiente el andante es una melodía que anuncia el aria de Barbarina en Bodas, por lo que se le atribuye un carácter más femenino y sensual.




En el mes de julio Mozart comunica a su hermana un nuevo embarazo de Constanza, muy contento de que el futuro heredero, dando ya señales de vida, “nunca deje en paz a su madre”. El niño nace el 21 de septiembre, y su abuelo pudo conocer, en su visita a Viena, a una criatura de cinco meses, cariñosa como pocas y de gran parecido con su padre. Carl Thomas Mozart murió en Milán a la edad de setenta y cuatro años.

El último de los conciertos para piano compuesto en 1784 está igualmente cercano a la ópera bufa, tanto en la melancolía de su tiempo lento, especie de aria sin palabras, como en el juego rítmico del tercer movimiento. Se estrenó el 11 de diciembre en los conciertos de abono y sabemos que Mozart volvió a tocar este concierto Nº 19 en Frankfurt, en la coronación de Leopoldo II, junto con el Nº 26 que recibe el sobrenombre de Concierto de la Coronación.

Tres días después de ese estreno, el 14 de diciembre, Mozart ingresa en una logia masónica, la misma que acogerá a su padre en su visita a Viena. Aunque fueron publicadas al año siguiente, la fantasía K 475 y la sonata K 457, ambas para piano, ambas en la tonalidad de Do menor, fueron escritas en el otoño de 1784. Compuestas para interpretarse juntas, están dedicadas a Teresa von Trattner, alumna de Mozart, por supuesto aventajada a la vista de lo que estas dos obras exigen del intérprete. También debió tocarlas el propio autor, improvisando, según se supone, la fantasía que precede a la sonata. Son, sin embargo, un mundo aparte; dentro de la música para piano solo, podríamos acercarlas a la sonata en La menor (K 310) escrita en París, aunque estas últimas obras, en lugar de la patética efusividad de aquélla, son de una gran contención y densidad dramáticas.

En todo este tiempo, mientras compone su mejor música de cámara, mientras crea «la cima de su obra instrumental», como califica el biógrafo Alfred Einstein a los conciertos de piano, no deja de pensar en el teatro y busca un libreto para una nueva ópera. Aún se representa el Rapto, cuando el intendente del Teatro Real e Imperial le recomienda que escriba una ópera italiana y él pide que le manden los últimos libretos que se han escrito en Italia. Sin embargo, no abandona la ópera alemana y hace que le traduzcan una comedia de Goldoni, Arlequín, servidor de dos amos, cuando el emperador, asesorado por Salieri, disuelve la compañía encargada de representar la ópera alemana; así pues, tenía razón el intendente del Teatro Real e Imperial por más que Mozart después de leer casi un centenar de libretos, no haya encontrado nada. Mientras tanto seguiría trabajando para sus conciertos de abono.

El 11 de febrero de 1785, llega Leopoldo Mozart a Viena y tiene ocasión de ver cómo vive un músico, su hijo, que, al contrario del Arlequín de Goldoni, no está al servicio de ningún amo. Precisamente en los meses de febrero y marzo estrenará Mozart dos conciertos de piano; los números 20 y 21 (K 466 y 467).

En el primero de ellos percibimos una agitación interior desconocida hasta entonces en sus conciertos, la que encontramos en las últimas sinfonías y en los momentos más dramáticos de Don Giovanni, esa inquietud espiritual que hizo, como ha subrayado la crítica, que los románticos, incapaces de comprender el humor sublime del concierto en Fa mayor, escogieran éste escrito en Re menor, como modelo de lo que ellos sabían muy bien apreciar,

El siguiente es conocido sobre todo por su movimiento lento, éxtasis que se prolonga en una larga melodía con la cuerda en sordina, enmarcado por una brillante marcha y por un final de carácter jocoso.

A Leopoldo le sorprende todo; el rondó del primero de los conciertos no se pudo ensayar porque no estaban copiadas las partes, pero está claro que los músicos no son los de Salzburgo. ¡Qué asombro para el criado del arzobispo! “Tu hermano -escribe a Nannerl- ha ganado 559 florines con sus sesiones académicas, más de lo que esperábamos, porque, al mismo tiempo, ha organizado seis conciertos de abono en los que hay inscritas más des 150 personas. Cada una paga un soberano por los seis conciertos, además también toca por cortesía en los conciertos organizados por otros. ¡Ojalá acabara todo esto! Es imposible enumerar las molestias e inquietudes que ocasiona. Desde que estoy aquí han sacado por lo menos doce veces de casa el piano de tu hermano para llevarlo al teatro o a otra casa.”
http://www.hagaselamusica.com/notas/mozart/


 

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