jueves, 20 de agosto de 2015

EL MONASTERIO DE LAS PELAYAS. . .el monasterio benedictin de San Pelayo




El monasterio benedictino de San Pelayo, conocido popularmente como el monasterio de las pelayas, es uno de los monumentos más importantes del barroco en Oviedo. Proviene la construcción original de época medieval, fundado bajo la advocación de San Juan Bautista, probablemente del siglo X, con el patrocinio de Teresa Ansúrez, viuda de Sancho el Gordo de León. Otras versiones lo consideran fundado por Alfonso II y dedicado inicialmente a San Juan Bautista de las Dueñas. En todo caso, la advocación de San Pelayo la obtiene debido al traslado de las reliquias del santo, enviadas a Oviedo en el año 994 para mantenerlas lejos de la influencia musulmana.

Durante los siglos XVI y XVII el monumento renueva su estructura. Los primeros autores de esta renovación son los maestros Melchor de Velasco y su padre Bartolomé, que renuevan claustro, dormitorios, locutorio, cocina... y cuya obra principal es la torre del monasterio. El período 1582-1604 ve la reconstrucción de su iglesia. A pesar de la fuerte renovación, Velasco debe abandonar el monasterio de San Pelayo sin haber terminado la obra, puesto que le reclamaban en Galicia para otros asuntos de mayor importancia. Por ello, las monjas suscriben otro contrato, esta vez con el maestro Francisco de Cubas, desconociéndose hasta qué punto la versión definitiva de la traza del monasterio se debe a uno o a otro arquitecto. Finalmente se culmina en el año 1650 con la construcción de las torres. Previamente, en 1590 Leonardo de la Cajiga reconstruye la iglesia. En 1694, los maestros Gregorio Roza, Francisco de la Riva y Gaspar Ladrón de Guevara comenzaron una nueva fase de reformas que afectó a las fachadas exteriores. La última fase de la reforma del monasterio que se llevó a cabo en el barroco y que nos ofrece el aspecto actual del monasterio comenzó en 1703 con la construcción de la vicaría con su imponente fachada, las habitaciones para los vicarios y un nuevo vestíbulo para el monasterio.

Las monjas benedictinas conocidas como las pelayas, ocupan un convento de clausura que cuenta con mil años de existencia, un notable fondo documental y que en la actualidad sirve como Archivo Histórico Provincial. En su archivo se pueden encontrar los fondos de los monasterios de San Bartolomé de Nava, Santa María de Villamayor, San Vicente y Santa María de la Vega, junto a abundantes objetos y reliquias que pasaron a formar del convento.
La iglesia fue construida entre los años 1592 y 1600, es de planta sencilla, una sola nave carente de capillas. La fachada está construida con sillares perfectamente escuadrados y formada por tres puertas con molduras. Sobre ésta se coloca una hornacina con la figura en piedra de San Pelayo y un rosetón acristalado. En 1703 se diseñó la fachada de la Vicaría, basándose en los palacios barrocos, por obra de Fray Pedro de Cardeña. La planta baja se organiza con tres grandes arcos entre columnas toscanas exentas, que sustentan los balcones de la primera planta, balconadas decoradas con molduras de orejas entre columnas jónicas. En la segunda planta se colocan los escudos de la orden benedictina, por debajo del escudo real, que se sitúa en un destacado ático bajo frontón curvo y entre dos columnas corintias. El claustro tiene tres alturas que le convierten en una construcción maciza con cierto aire de monumental. Al igual que la iglesia, el claustro se sustenta en pilares y columnas de orden toscano. En el siglo XVII se sustituyó la antigua torre campanario por una nueva torre rematada con una flecha de tracería gótica, que reproduce en menor tamaño, la verticalidad de la torre de la Catedral.
El lugar donde se encuentra enclavado, es probablemente la parcela de terreno más antigua de Oviedo, en la que se halla también la Catedral de Oviedo y el donde estuvo situado el ya desaparecido Monasterio de San Vicente.

Durante los conflictos bélicos de 1934 se descubrió, tras un muro gótico parte de la construcción medieval: la cripta, debajo de la actual nave central de la iglesia, de unos seis metros cuadrados es un recinto cerrado cuyo origen probablemente sea prerrománico y cuya función no se ha podido determinar. También se hallaron una columna datada en el siglo IX y un capitel de estilo ramirense. Se llevó a cabo una reconstrucción tras los destrozos del 34, y se descubrieron dos arcos iconográficos con representación iconográfica en sus capiteles del primer periodo del prerrománico, que se suponen son parte del pórtico de una estancia funeraria.

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