domingo, 25 de octubre de 2015

GEORGE BIZET......CARMEN

 

París, 1875. Un compositor relativamente joven, llamado Georges Bizet, se dispone a presentar su segunda ópera importante. Tras el éxito relativo de “Los pescadores de perlas”, en “Carmen” pone música a un libreto basado en una novela de Prosper Merimée. Un libreto lleno de tópicos sobre la cultura española: gitanos, toreros, contrabandistas, etc.


Según Bizet, “Carmen” no es sino la otra cara del “Tristán e Isolda” de Richard Wagner. Frente al amor metafísico y eterno entre ambos enamorados en el drama wagneriano, se opone el amor efímero y las ansias de libertad e independencia de Carmen. También en lo musical, frente al cromatismo wagneriano, tenemos una ópera mucho más accesible, llena de tópicos españolizantes y con algún que otro plagio, (la melodía de la famosa habanera es sospechosamente similar a una habanera de Sebastián Iradier, un compositor español de la misma época).
El éxito de “Carmen” fue arrollador desde el primer momento. Bizet no lo pudo ver, porque murió pocos meses después del estreno de la obra. Sin embargo, a pesar del éxito, en versiones posteriores a la original no se respetaron las  indicaciones de Bizet con respecto a esta obra.
En “Carmen” originalmente no hay recitativos. En teoría, es una ópera cómica, (aunque como veremos el argumento no lo es), y tiene partes habladas. Sin embargo, para el estreno vienés, en 1880,  Ernest Giraud compuso recitativos cantados para sustituir algunas de las partes habladas, costumbre que hasta hace poco se había mantenido.


Acto primero
 Tras el preludio orquestal, la acción se desarrolla en una plaza de Sevilla. A un lado, está el cuartel de los soldados; al otro lado de la plaza, está la fábrica de cigarros.
Los soldados del cuerpo de guardia matan el tiempo mirando el paso de los transeúntes. De pronto, una mujer se dirige hacia el cuartel con paso vacilante. Es Micaela, que pregunta por un cabo llamado Don José, y al ser informada de que no está presente decide marcharse, a pesar de las peticiones de los soldados de que se quede.
Tras el cambio de guardia, llega el cuerpo en el que está Don José, junto con el teniente Zúñiga. El teniente le pregunta por la belleza de las cigarreras de la fábrica, pero Don José afirma no preocuparse de esas galanterías. Al ser preguntado por sus sentimientos sobre la mujer que acaba de preguntar por él, él responde que la ama.
Entonces salen las cigarreras de la fábrica para el descanso. Los hombres se fijan en ellas, pero todas las miradas se ven atraídas por Carmen, la más bella de todas. Carmen, sin embargo, parece indiferente a los requerimientos de los soldados. En su famosa habanera, compara al amor con un niño gitano que no conoce leyes. Al terminar, lanza una flor a Don José, que era el único que no le había hecho caso durante toda la escena.
Las cigarreras vuelven a la fábrica para seguir trabajando, y entonces vuelve Micaela a escena. Ella lleva a Don José un mensaje de parte de su madre, que dice que le perdona y que le espera de nuevo en el pueblo. El cabo, muy conmovido, le pide a Micaela que se quede, pero ella no accede y promete volver por la tarde. A su salida, Don José cree estar convencido de que Micaela le conviene mucho más como mujer que Carmen, a la que tilda de bruja.
Sin embargo, cuando Don José iba a tirar al suelo la flor que Carmen le dio, se produce un gran revuelo. Carmen ha provocado un incidente en la fábrica y Don José la lleva a presencia del teniente Zúñiga. Como la gitana no responde, Zúñiga ordena a Don José que la lleve a la cárcel. Más Don José ya se ha enamorado de ella y a su vez ella le promete su amor. Así pues, al llegar a la entrada de un puente, Carmen empuja a Don José que se deja derribar. Aprovechando la confusión, la gitana consigue escapar.


Acto segundo 
Tras el preludio orquestal, el escenario muestra la taberna de Lillas Pastia, en donde Carmen y las gitanas Mercedes y Frasquita bailan para los soldados. El teniente Zúñiga trata en vano de seducir a Carmen, aunque sabe que ella está enamorada de Don José, que ha salido de la prisión tras dos meses de estancia por dejar huir a Carmen. Entretanto, llega el torero Escamillo, triunfador de las corridas en Granada, junto con su cuadrilla. Tras entonar la famosa canción del toreador, se fija en Carmen y trata igualmente de seducirla. Ella responde negativamente, aunque de una forma mucho más cortés que a Zúñiga. El local se cierra y salen militares y toreros, aunque Zúñiga promete volver.
Cuando salen los parroquianos, los contrabandistas Lillas Pastia, el Dancaire y el Remendado empiezan a urdir planes para realizar nuevos golpes. Para ello, necesitan contar con la ayuda de las mujeres, pues reconocen que sin ellas nada sale bien. Frasquita y Mercedes parecen dispuestas a ir, pero Carmen se niega. Antes tiene que estar con Don José, a quien tratará de convencer de que les acompañe.
Don José llega a la taberna, y le declara su amor a Carmen. La gitana empieza a bailar para él, pero entonces suena la retreta de los soldados, que indica que Don José debe volver al cuartel. Él trata de detener a Carmen, que lo interpreta como una debilidad de su amor hacia ella. En su aria de la flor, Don José trata de convencerle a Carmen de que le ama, pero la gitana dice entonces que, si realmente es así, debe seguirle con los contrabandistas a las montañas. Don José se niega y decide marcharse.
Entonces, el teniente Zúñiga entra en la taberna, y ve a Don José. Los dos militares pelean, hasta que los contrabandistas les separan y Zúñiga se marcha libre. Obligado a desertar, Don José sigue a Carmen y a los contrabandistas a las montañas.


Acto tercero
 Tras el preludio, la escena muestra un desfiladero en las montañas de Andalucía. Don José, nada cómodo en su trabajo con los contrabandistas, trata de convencer a Carmen de que le acompañe al pueblo con su madre, pero ella rechaza la propuesta. A cambio, le dice que él debe marcharse y separarse de ella: el oficio de contrabandista no está pensado para alguien como Don José. Las gitanas leen en las cartas el futuro. A Frasquita le deparan riquezas, a Mercedes amor y a Carmen la muerte. Carmen intenta varias veces más barajar las cartas y probar de nuevo, pero siempre se le predice la muerte.
Los contrabandistas empiezan a planear un nuevo golpe. Las gitanas deben ir por delante y conquistar a los aduaneros, de manera que los hombres puedan pasar las mercancías. Don José debe vigilar que nadie les aceche. Todos salen de escena para preparar el golpe.
Micaela llega al campamento de los contrabandistas, con el ánimo de rescatar de entre ellos a don José. En su famosa aria canta sus temores y se encomienda al Señor para que le proteja en su difícil misión.
De repente, llega Escamillo, que ha salido indemne de un tiro de Don José. Ambos se reconocen, y se saludan con cierta cordialidad. Sin embargo, cuando Escamillo revela que ama a Carmen, Don José responde airadamente y ambos hombres se retan a duelo. Cuando Don José está a punto de abatir a su enemigo, Carmen le detiene el brazo. Escamillo sale de escena, no sin antes invitar a Carmen a que vaya a verle torear en Sevilla, en donde espera triunfar.
Entonces, Micaela anuncia a Don José que su madre está a punto de morir. Carmen insiste en que Don José debe irse con Micaela pero Don José, que sabe que ahora Carmen ama a Escamillo, le amenaza con volver a Sevilla para reencontrarse  con ella. El torero Escamillo, entre tanto, sigue alegremente su camino hacia la ciudad.

Acto cuarto
 Tras el preludio orquestal, el escenario muestra el exterior de la plaza de toros de Sevilla. El teniente Zúñiga y el cabo Morales acuden a la corrida de toros con Frasquita y Mercedes, las gitanas. Compran abanicos y gemelos en los puestos allí instalados. En honor de multitudes, aparecen las cuadrillas de los toreros, y Escamillo en último lugar es objeto de las mayores alabanzas. Antes de comenzar el festejo, Escamillo tiene un pequeño dúo de amor con Carmen, en el que ambos reafirman sus sentimientos. Frasquita y Mercedes piden a Carmen que entre en la plaza, porque han visto a Don José esperándole, pero la gitana no sigue sus consejos y se queda sola con su antiguo amado.
Él trata de convencerle de que le acompañe a su pueblo, pero Carmen no cede: ahora ama a Escamillo, que es aclamado por su actuación en la corrida. Carmen devuelve a Don José el anillo que él le dio como señal de amor eterno, y mientras en la plaza siguen las aclamaciones al torero Escamillo, Don José apuñala a Carmen, que cae muerta. La multitud sale de la corrida de toros, y Don José se entrega a los soldados.

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