lunes, 31 de octubre de 2016

NIKOS KAVVADIAS.......POETA DEL MAR SP



Nikos Kavvadias es un personaje muy interesante dentro de la literatura neohelénica, tanto por su biografía como por la repercusión de su escasa obra poética. Y ello porque su vida fue una aventura constante, casi una novela, y su poesía caló en los corazones de los griegos desde el principio, y sobre todo a partir de ser musicada, ya a finales de los 70, con lo que sus versos pasaron a formar parte de la memoria musical de Grecia.
Nació en 1910 en Manchuria, relativamente cerca del fin del continente asiático, donde su padre, como buen griego comerciante, tenía negocios de importación y exportación. Con el estallido de la primera guerra mundial y ante los claros indicios de inestabilidad en la zona, el señor Kavvadias decidió llevar a la familia de vuelta a la patria, a la isla de Cefalonia, por su seguridad, aunque él volvió para vigilar su negocio.
El regreso a Grecia se realizó en el mítico transiberiano, en el que sería primer gran viaje para el pequeño Nikos. A los siete años retornó su padre arruinado moral, física y monetariamente. Moriría un tiempo después, por lo que Nikos comenzó a trabajar como marino profesional (telegrafista), su oficio ya hasta la muerte.
No obstante, las inquietudes culturales y literarias de Kavvadias le acompañaron desde la niñez, y ya en la adolescencia empezó a colaborar con publicaciones juveniles. Estos dos amores suyos, el mar y las letras, hacen de su persona y su obra un sorprendente conjunto, pues lo que en apariencia resulta un oficio trivial encubre a alguien con un enorme conocimiento de arte, literatura, historia, etc. De hecho, se suele decir de él que no es un marino que escribe versos, sino un poeta que se ha dedicado al mar.
Su obra poética, con todo, es poco abundante: se limita a tres colecciones que corresponden a tres momentos diferentes de su vida. La primera es Marabú (1933), que nos muestra a un poeta joven, influido por otros autores, como Baudelaire. Hasta 1947 no saldrá Niebla, obra más intimista, de lenguaje sucinto y significado oscuro. Por último, De través se publicó muy poco antes de  su muerte, en 1975, y es ya la obra del hombre de mar en el otoño de su vida, de la que hace un balance cuando menos amargo y nostálgico. Entre otras muchas colaboraciones, relatos, etc., hay que destacar La guardia, especie de novela de enorme complejidad, que trata muchos de los temas que aparecen de manera sinóptica en sus poemarios.
Y es que, frente a lo que pudiera pensarse, Kavvadias no canta el azul del Egeo, ni la belleza de los paisajes. Muy al contrario, por sus versos desfila la soledad y el desarraigo del marino a miles de kilómetros de su tierra y su gente; los entornos portuarios con las más viles criaturas de la noche: prostitutas, contrabandistas, borrachos…; la sífilis, presente en todos los destinos; personajes atormentados por abominables historias, crímenes o vicios; la pureza del fondo marino frente a la inmundicia de la tierra firme.
Todo ello, en eterna paradoja con el deseo eterno de partir, con la sensación de estar atrapado en un oficio que al mismo tiempo es una pasión e inunda cada verso con su lenguaje propio, algo que constituye una dificultad añadida para su lectura y traducción: términos náuticos, miles de toponímicos y expresiones marineras constelan su obra, junto a numerosas referencias a personajes históricos o literarios, o bien a obras de arte.
Estos temas, junto a su clara defensa de la libertad en unos tiempos en que la guerra arreciaba en España, para más tarde asolar Grecia en los duros años de la ocupación alemana y su posterior guerra civil, hicieron de sus poemas cantos a la rebeldía y al libre pensamiento de los pueblos.
 Su obra poética contiene la naturaleza marina que todo griego lleva encima por herencia y tradición, el deseo de vivir en alta mar, de trazar nuevas rutas y navegar al encuentro de exóticos países, sintiendo siempre la nostalgia de la tierra madre: Grecia.
Hablan los versos de Kavadías de la dureza de la vida marinera, de largos turnos de guardia, de noches mal dormidas en sucios colchones, de extrañas y temibles enfermedades, del olor a pescado, de marineros que cargan y descargan pesadas mercancías y compran whisky y amor en cochambrosas tabernas portuarias tras haberse tatuado en el pecho el nombre de la añorada madre. Versos compuestos con frecuencia a base de nombres de extraños países y ciudades lejanas, de un léxico muy personal que bebe no solamente del griego, sino también del inglés, del francés, del español, del italiano, del árabe... y que en ocasiones resultan ser de difícil lectura hasta para el propio lector griego.

Nikos Kavadías deseó desde joven morir lejos de la patria y reposar en el mar profundo; sin embargo murió en su país, en Atenas, en 1975, sabiendo que se iban a cumplir lοs proféticοs versos que escribió durante su juventud en la última estrofa del siguiente poema:







                                    "Mal du départ"

Seré siempre un ideal e indigno amante
de los largos viajes y los azules mares,
y moriré una tarde, como todas las tardes,
sin rasgar la turbia línea de los horizontes.

Hacia Madrás, Singapur, Argelia y Sfax
partirán como siempre orgullosos los barcos
y yo, inclinado en un despacho ante mapas náuticos
haré sumas en gruesos libros de contabilidad.

Dejaré ya de hablar de lejanos viajes,
mis amigos creerán que ya los he olvidado
y mi madre contenta dirá a quien pregunte:
"Fue un capricho juvenil, pero ahora ya ha pasado...".

Pero mi propio yo una tarde ante mí se alzará
y una razón, como juez despiadado, me pedirá
y esta mano mía indigna que tiembla se armará,
señalará y sin miedo golpeará al culpable.

Y yo que tanto deseé ser enterrado un día
en algún mar profundo de las lejanas Indias,
tendré una muerte común y muy triste
y un entierro como los entierros de muchos hombres.


.



NIEBLA

Anoche cayó la niebla
—se ha perdido el barco guía—
y tú has llegado sin que te esperase
a verme a la timonera.
Vistes toda de blanco, estás empapada,
y en forma de maroma trenzo tu cabello.
Allí abajo, en las aguas de Port Pegassu
siempre llueve por esta época.
Nos acecha el fogonero
con los pies en la cadena del ancla.
No mires nunca las antenas
cuando hay oleaje: te marearás.
Maldice el tiempo el nostramo
y está tan lejos Tocopilla.
Antes que este miedo y esta espera
prefiero el periscopio y el torpedo.
¡Vete! Lo tuyo es la tierra firme.
Viniste a verme pero no me has visto:
estoy ahogado desde medianoche
a unas mil millas de las Hébridas.



CONTRADICCIÓN

Tu amor, una herida y tres gritos.
Chilla la polea al tensarse del otro lado.                     
Muchacha marina de las profundidades –a miles de brazas-
yo te gané a Poseidón jugando a los dados.
Y te eché a un acuario oscuro
cuya sal se desvaneció al secarse.
Pero tú esperas del justo cielo
al hombre de tierra firme, al hechicero, al bandido.
Cuando te fundas en la luz que mereces
y desaparezcas en un claro crepúsculo
sobre una verde alfombra voladora,
se quedará el marino contando piedrecitas blancas.

 http://www.mediterraneosur.es/arte/kavvadias_poemas.html
http://lapasiongriega.blogspot.com/2008/11/nikos-kavvadas.html



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