domingo, 20 de marzo de 2016

JOSE MARIA VARGAS VILA...POEMA AL AMOR


Un gran cisne, cisne negro, silencioso, prisionero, en la nieve inmaculada de algún lago limpio y terso, semejaba en la almohada tu cabeza escultural, toda oculta en la opulenta cabellera destrenzada, que en mil ondas tumultuosas y soberbias ondulaba, cual las aguas de un torrente, tras un recio vendaval…
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Un gran lirio, lirio abierto en la fronda lujuriante de un remoto país de sueños, bajo un cielo en nubes pálidas de un color límpido azul, tu albo cuerpo semejaba, en los nítidos encajes, y los amplios cobertores y los tenues cortinajes, ligeros y ondulantes te envolvían en una nube de opalino, índigo tul.
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Un pichón de garza, blanco, con el pico rojo y suave, tembloroso y agitado, como el pecho de alguna ave, de esas aves que semejan bellas flores de la escarcha, de esas aves de la Idalia, que acompañan en su marcha, en su marcha triunfadora, a la diosa del Amor, asomaba un solo pecho, de las gasas escapado de las gasas del tocado, del tocado que deshecho, permitía que así brotara esa flor divina y rara, semejando entre las blondas, un nenúfar en las ondas, o algún níveo azahar en flor.
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Una mano de alabastro, blanca y tersa, cual si un astro con luz tenue coloreara ese cutis de marfil, en los rojos cobertores que ocultaban tus primores, me indicaba, ¡oh, mano blanca! por qué Venus la de Milo, está trunca y está manca, pues sus brazos y sus manos, en belleza soberanos, tú los tienes, y el Destino los había hecho para ti.
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Un silencio rumoroso, idólatra, religioso, un silencio de Santuario, había en torno a ese Sagrario, donde inerte y descuidada, ¡oh, mi diosa! ¡oh mi adorada! Y, en la atmósfera vagaban mil perfumes que embriagaban, y en los ruidos vagarosos había besos amorosos, que vibraban y cantaban en el rayo de la luz.
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De rodillas ante el lecho, con las manos en el pecho, conteniendo los latidos de mi pobre corazón, yo en silencio te adoraba, y en silencio te adoraba, y en silencio recordaba que esa noche ya pasada, ¡oh mi blanca desposada! te dormiste entre mis brazos, y al reclamo de mis besos, y al calor de mis abrazos, se abrió tu alma a mis caricias, de tu amor con las primicias, como al rayo de sol fúlgido la rosa abre su botón.
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Y al mirarte así rendida, recordándote vencida, busqué un sitio, y a tu lado, yo el león domesticado la cabeza recliné…
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Y pensando en el Hastío, y el Olvido hosco y sombrío, y pensando en que pudieras olvidarme o yo perderte, tuve miedo de la vida, sentí anhelos de la muerte, lloré mucho, y en silencio, en silencio la imploré.

Tomado de su novela Ibis
*José María de la Concepción Apolinar Vargas Vila Bonilla (23 de julio de 1860- 25 de mayo de 1933) (Colombia)

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