lunes, 2 de mayo de 2016

ALFRED DE MUSSET...LAS NOCHES (fragmento)



Poeta, toma tu laúd; soy yo, tu inmortal,

que esta noche te he visto triste y silencioso
y que, como un ave al ser llamada por sus crías,
a llorar contigo desciendo de lo alto de los cielos. 
Vamos, tú sufres, amigo. Alguna aflicción solitaria
te consume; alguna cosa ha gemido en tu corazón;
algún amor revives, tal como se lo ve en la tierra:
una sombra de placer, una apariencia de felicidad.
Vamos, cantemos ante Dios; cantemos de tus pensamientos,
de tus penas pasadas, de tus placeres perdidos;
partamos, con un beso, hacia un mundo desconocido.
Despertemos al azar los ecos de tu vida;
hablémonos de alegría, de gloria y de locura,
y que todo parezca un sueño, el primero que se nos ocurra;
inventemos alguna parte de esos lugares donde uno olvida;
partamos, estamos solos: el universo es nuestro.
He aquí la verde Escocia y la morena Italia,
y Grecia, mi madre, donde la miel es tan dulce;
también Argos, y Pteleón, aldea de las hecatombes,
y Mesa la divina, agradable a las palomas,
y el frondoso frente del cambiante Pelión,
y el azul Titareso, y el golfo de plata
que muestra, en sus aguas en las que el cisne se mira,
la blanca Oloosón a la blanca Camiro.
Dime, ¿a qué sueño de oro nos arrullarán nuestros cantos?
¿De dónde vendrán las lágrimas que vamos a derramar?
Esta mañana, cuando el día había herido tus párpados,
¿qué serafín pensativo, inclinado sobre tu cabecera,
agitaba lilas en sus ligeras vestimentas
y te hablaba en voz baja de sus ensueños amorosos?
¿Cantaremos la esperanza, la alegría o la tristeza?
¿Empaparemos de sangre a los batallones de acero?
¿Suspenderemos al amante de una cuerda de seda?
¿Arrojaremos la espuma del corcel a los vientos?
¿Diremos qué mano, en las innumerables lámparas
de la mansión celeste, enciende noche y día
el santo aceite del amor eterno y de la vida?
¿Gritaremos con Tarquino: «¡Ya es tarde, he aquí la sombra!»?
¿Descenderemos a buscar la perla al fondo de los mares?
¿Conduciremos a la cabra hacia los amargos ébanos?
¿Mostraremos el cielo a la Melancolía?
¿Seguiremos al cazador por los montes escarpados
mientras la cierva lo observa, llora y suplica?
Sólo los brezos la escuchan; sus cervatos son recién nacidos;
él se inclina, la degüella y la arroja a la encarna,
rezumando sobre los perros su corazón aún vivo.
¿Pintaremos una virgen de encendidas mejillas
que, llegando a misa mientras un paje la sigue,
con una mirada distraída, al lado de su madre,
sobre sus labios entreabiertos su plegaria olvida
pues escucha, temblando, en el eco de las columnas,
el resonar de las espuelas de un audaz caballero?
¿Pediremos a los héroes de Francia de los viejos tiempos
que suban armados a las almenas de sus torres
y que resuciten el siempre ingenuo romance
que su gloria olvidada enseñó a los trovadores?
¿Vestiremos de blanco una suave elegía?
¿Nos narrará el hombre de Waterloo su vida
y el modo en que abatió a multitudes de humanos
hasta que el negro enviado de la noche eterna
vino a derribarlo sobre una verde colina con un golpe de ala
y a sobre su corazón de hierro hacerle cruzar ambas manos?
¿Clavaremos al paredón de una sátira altiva
el nombre siete veces vendido de un pálido libelista
que, impulsado por la fama, del fondo de su olvido
viene, tiritando de impotencia y de envidia,
a sobre la frente del genio insultar la esperanza
y a morder el laurel que su aliento ha manchado?
¡Toma tu laúd, toma tu laúd!, ya no puedo callarme;
mis alas me elevan al soplo de la primavera,
el viento me va a llevar, voy a dejar la tierra.
¡Una lágrima tuya! Dios me escucha; ya es tiempo.
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OLEO...John Willam Waterhouse (El despertar de Adonis)
MUSICA...Ludwig van Beeethoven (Silencio)
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http://editorial-alastor.blogspot.com.es/2014/07/alfred-de-musset-las-noches.html


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