martes, 5 de julio de 2016

SONATE DA CAMERA DE VIVALDI


Vivaldi puede ser junto a Monteverdi el compositor que más se ha beneficiado del movimiento historicista. A diferencia de otros compositores, dicho movimiento puso a disposición del público una enorme cantidad del catálogo vivaldiano que había sido ignorado por los músicos anteriores para quienes “Il Prete Rosso” era poco más que una máquina multicopista de conciertos. Por otro lado, despertó el interés por una interpretación donde primaba no tanto la producción de melodías bonitas sino la búsqueda de un ritmo, una articulación y una tímbrica apropiadas o, dicho de otro modo, la radical propuesta de un cambio en la sonoridad y la pulsación unida a la recuperación de una técnica interpretativa que había sido deformada por una visión heredada del Romanticismo. El desarrollo de la capacidad inventiva y de sorpresa en las partituras de Vivaldi se tradujo en lecturas generalmente vitalistas, de tempi ligeros, rebosantes de imaginación donde el bajo continuo, la ornamentación y los efectos armónicos adquirían un papel preponderante.



El germen de esta novedosa propuesta debemos buscarlo a comienzos de los setenta en algunos músicos de la Academy of St Martin in the Fields que aunque usaban instrumentos modernos fueron en buena medida los incubadores del cambio. No sólo porque de sus filas salieron líderes espirituales del movimiento como Christopher Hogwood (que, por cierto, se llevó de la orquesta a unos cuantos colegas para su propia “Academy”), sino por su búsqueda de un Vivaldi opuesto al que hacían por entonces los italianos. Pero un cambio así no podía ser “a one-man show”. Trevor Pinnock junto a Simon Standage, primer violín de The English Concert, otrora en la English Chamber Orchestra, crearía escuela en la interpretación de Vivaldi más o menos por la misma época así como lo harían otros músicos de la isla*. 

Los conjuntos ingleses historicistas fueron los mayores valedores de la revolución vivaldiana pero la irrupción en tromba de una nueva generación de jóvenes músicos italianos en la década siguiente forzó otro giro aún mayor que el anterior con la liberación plena del yugo romanticista y la adopción de un estilo barroco auténticamente italiano. Actualmente las cosas han cambiado de tal modo que incluso las agrupaciones sinfónicas se esfuerzan por interpretar este repertorio con otro “ánimo” aplicando técnicas y criterios más o menos barrocos. Sin embargo, aún quedan algunos músicos de prestigio que apoyados en sus poderosos agentes y en su presencia dominante en el mercado discográfico, y argumentando que lo importante es un sonido agradable al oído y una afinación perfecta y no tanto el estilo . A estos músicos debemos decirles que la verdadera belleza se produce cuando, por poner un ejemplo, una violinista como Francesca Vicari empuña su violín en el Largo de El Invierno (Alessandrini, Naïve/Opus 111). Las comparaciones echan por tierra cualquier atisbo de duda. 



Paolo Gallarat, expresa muy bien el valor de estas piezas: “Aun cuando las sonatas no poseen la densidad formal e importancia de sus conciertos, la personalidad de Vivaldi se manifiesta en toda su rica inventiva; incluso con pocos instrumentos, la creatividad de este sorprendente compositor no es menos acusada y su fantasía combinatoria se impone con igual originalidad que en otros campos de su producción”. Un buen ejemplo es la Sonata a 2 para flauta dulce, fagot y continuo RV 86 con una deliciosa combinación tímbrica entre los dos instrumentos a través de un diálogo lleno de imaginación armónica. El disco está lleno de momentos del mejor lenguaje vivaldiano como el comienzo de la Sonata a 2 para violines y continuo RV 68 o la inerte serenidad en el Largo de la Sonata para violín y violonchelo RV 83, la única que escribió para esta combinación. Nada tan típicamente vivaldiano como el Allegro inicial de la Sonata para 2 violines RV 77 con ese sorprendente y variado carácter rítmico. 
Las lecturas de L’Astrée encarnan idealmente los presupuestos estéticos asociados hoy a Vivaldi e incorporan vitalidad, sorpresa y sentido rítmico todo ello envuelto en un sonido sin extravagancias ni asperezas. Para empezar podemos recomendar la Sonata RV 86 donde ambos solistas, Paolo Faldi a la flauta y Aligi Voltan al fagot, demuestran su musicalidad y afinidad hacia esta evocadora música. El movimiento central con el burbujeante fagot es sensacional. Auténticamente contagiosa resulta la interpretación de la Sonata para dos violines RV 77 donde Francesco D'Orazio y Alessandro Tampieri manipuladores de la dinámica y el color son capaces de seducir al oído más obstinado. Hay que escuchar el mano a mano que se marcan en el Andante donde sólo hablan los dos violines. 

http://wiki.ccarh.org/images/thumb/3/3e/Carlevaris_FredIV_viaGetty-Google.png/575px-Carlevaris_FredIV_viaGetty-Google.pnghttps://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/d/da/Charles_Collins_-_Exotic_Pheasants_and_Other_Birds_-_WGA05161.jpg
http://www.filomusica.com/filo49/vivaldi.html
http://ytimg.googleusercontent.com/vi/IlOX-HwCxh4/0.jpg



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