martes, 11 de octubre de 2016

EL VIOLIN....ANTONI STRADIVARI Y EL MITO STRADIVARIUS


El más famoso luthier de la historia nació en 1644 en la ciudad de Cremona, Italia. Tras abandonar frustrado su inicial deseo de llegar a convertirse en un gran violinista, entre los años 1667 y 1679 se convirtió en aprendiz de Niccolò Amati, otro famoso luthier italiano.
En un principio, Antonio sólo se dedicaba a realizar tareas ordinarias y sencillas de reparación en el taller de Amati, pero su especial habilidad y talento lo llevaron a realizar cada vez trabajos de mayor importancia.
A los 17 años, ya consiguió que se le encomendara la fabricación de un violín en su totalidad, demostrando haber alcanzado la maestría de su maestro Amati en un tiempo asombroso.
Tres años después conoció a una joven viuda, Francisca Ferraboschi, con quien se casó el 4 de julio de 1667, y éste es uno de los pocos sucesos biográficos registrados del artista. Como muchos hombres geniales, Stradivarius fue un hombre sencillo, modesto y taciturno, que sólo pensaba en su familia y su trabajo.
Tuvieron que pasar otros tres años, hasta 1670, para que en los instrumentos del genial alumno apareciera el letrero prestigioso: “Antonius Stradivarius Cremonensis Faciebat Anno …” (Antonio Stradivari de Cremona, fabricado hacia el año… ), seguido de la fecha de fabricación, una inscripción que, desde hace cientos de años, coleccionistas y músicos sueñan con leer algún día en un violín de su propiedad.

etiqueta Stradivarius

En 1683 se instaló por su cuenta en la Piazza San Domenico de Cremona, el mismo edificio que su maestro, y pronto adquirió fama como creador de instrumentos musicales. Comenzó a mostrar sus primeros rasgos de genio y originalidad realizando alteraciones en los modelos de violín de Amati, fabricando violines más estrechos y alargados, rasgos que se acentuarían progresivamente con los años. Esas proporciones favorecieron un tono más penetrante; la densidad de la madera y un barniz especial, cuya fórmula se desconoce y ha sido fuente de numerosas conjeturas, contribuyeron al aumento de la vibración y a la perfección del sonido.


El arco fue mejorado, los espesores de la madera calculados más exactamente, el barniz más coloreado y la construcción del mástil mejorada. Alcanzó la perfección que ha sido motivo de minucioso examen y estudio, particularmente en lo que atañe al fenómeno de la sonoridad. Sólo a sus violines se les reconocen las cualidades de todos sus predecesores en un solo instrumento: fuerza, dulzura, poder y expresión.
Es precisamente entre 1700 y 1725  cuando construyó sus más preciados violines superando en calidad a los posteriores; se calcula que construiría alrededor de 13 al año. Son cerca de 350 instrumentos, a los que hay que añadir centenares de ellos fabricados antes y después de este periodo.
Contrariamente a lo que les sucedía a algunos otros artistas que obtuvieron reconocimiento hasta después de su muerte, Stradivarius desde su madurez gozó de fama extraordinaria, no sólo en Italia sino en el mundo entero.
Cuando Antonio tenía 54 años, murió su esposa Francisca, madre de sus cinco primeros hijos. Al año siguiente volvió a casarse con Antonia María Zambelli, con quien procreó seis hijos más.
Stradivarius firmó su último violín a los noventa y dos años de edad. A partir de 1730, muchos violines fueron firmados Sotto la Desciplina d’Antonio Stradivari F. in Cremona [año], y fueron probablemente hechos por sus hijos, Omobono y Francesco.
Tras haber tenido una fructífera y longeva existencia, murió en 1737, con 93 años, dejando 1,100 instrumentos entre violines, violonchelos y violas, de los cuales, cerca de 650 se conservan a fecha de hoy.
Fue sepultado en la misma ciudad en la que nació.

Stradivarius Greffuhle
Stradivarius “Greffhule”, 1709. Instituto Smithsonian.

Aunque parezca increíble, todos los grandes violines fueron fabricados por tres familias, los Amati, los Stradivari y los Guarnieri, en un rincón de Cremona, población del norte de Italia.Se cree que aún existen cerca de 800 Stradivarius, 250 Guarnieris y sólo 6 originales de Andrea Amati. Muchos son tan famosos que llevan nombres especiales, como el Stradivarius “Dancla” 1710, en el que el violinista Nathan Milstein ha lucido su virtuosismo; el “Parke” 1711, predilecto de Fritz Kreisler, y el “Delfín” 1714, tocado por el incomparable Jascha Heifetz. Salvo algunos grandes violines que desaparecieron en guerras y revoluciones, casi todos se conocen y hasta comprobar que fueron obra de algún maestro cremonés.
Hasta mediado el siglo XVI Cremona gozó de la fama que le conferían sus espléndidos Palacios y su catedral del siglo XII; pero en los tres siglos siguientes obtuvo más renombre por los 8.000 instrumentos que construyeron sus artesanos.
                                Stradivarius Greffhule
Stradivarius “Ole Bull”, 1687. Instituto Smithsonian.
El violín de Cremona es la perfección misma. Las catedrales góticas y los relojes finos, son obra de muchos hombres; el violín es creación de uno solo. Deben tocarlo y acariciarlo dedos capaces de arrancarle sonidos que evoquen la voz humana con la lengua del espíritu. Es un triunfo de la física, la química, las matemáticas y aquella pasión barroca que se abrió paso en el renacimiento clásico como síntesis del intelecto y la emoción.
Los estudiosos mantenían que el violín derivaba de la viola, pero nadie ha encontrado el eslabón perdido. No hubo modelos experimentales. Fueron perfectos desde su principio.
Amati construyó probablemente los primeros alrededor de 1540 y en diez años se extendieron por Europa.

Desde que Claudio Monteverdi -padre de la ópera y también cremonés- escribió música para el nuevo instrumento, éste ha reinado en la composición occidental. Constituye el cimiento de la sinfonía; da el más importante colorido tonal y, a menudo, la melodía.
Básicamente es un cuerpo hueco de 70 a 90 piezas y, en conjunto, no más de 280 gramos; no obstante, cada ejemplar es único. El sonido dulce y aterciopelado de un Stradivarius difiere del Guarnieri dal Gesú, que es sensual y terso. Algunos expertos hasta afirman poder percibir la diferencia entre dos Stradivarius y a la vez reconocer las peculiaridades que los distinguen de otros.
Los primeros Amati lucían una voz intensa y rica. Los elementos principales eran la caja de resonancia, combada en la parte superior, cuatro cuerdas templadas a intervalos de una quinta, un puente de arco elevado y un diapasón que, por carecer de trastes, permite y obliga al ejecutante a crear los tonos. No había, sin embargo, un plan definido. Amati y los insumes violeros que le siguieron emplearon la vista y el instinto no menos que el cincel.
Stradivarius Sunrise
El bonito flameado del “Sunrise”
Cuando Andrea Amati comenzó a fabricar violines, Miguel Ángel y Tiziano eran ya ancianos y el renacimiento alcanzaba su apogeo. Andrea y sus hijos Antonio y Girolamo crearon muchos bellos instrumentos que aún se tocan. Con todo, el hijo de Girolamo, Niccolo, los aventajó en prestigio. Sus instrumentos son increíbles y producen sonidos de una finura exquisita.
Niccolo, quien también destacó por su habilidad para enseñar el dificultoso arte de fabricar violines, confió sus secretos relativos al barniz y la madera a dos aprendices que vivían en la misma manzana; Antonio Stradivari, considerado ahora el violero por antonomasia, y Andrea Guarnieri. La clave de su oficio era la paciencia, pues a veces era necesario sazonar la madera durante diez años.
De los componentes del violín, el más enigmático es el barniz, que preserva la madera y da al instrumento su belleza y su timbre de sonoridad propio. Cabe comparar el tono del Stradivarius al del oboe, a diferencia del Guarnieri dal Gesú, cuyo sonido se parece más al del corno francés. Y es que cada fabricante empleaba un barniz distinto. Se cuenta que Stradivari usaba, entre otros ingredientes, la llamada sangre de dragón, sustancia gomosa y roja obtenida del fruto de una palmera malaya que Marco Polo trajo del Oriente. Pero, ¿cuánto barniz aplicaba y en qué forma? ¿ Mezclaba los ingredientes fríos, tibios o calientes? Estos secretos murieron con él.
Posteriormente sustituyeron el aceite por el alcohol para que el barniz secara más rápido. Retornando a los métodos cremoneses, algunos trabajan hoy sin apuro en un clima seco, templado, pues saben que un gran violín es producto, por una parte, del arte y el espíritu del artífice, y del tiempo, por otra. Acaso dentro de dos siglos algunos de sus instrumentos suenen como los Amati, Stradivarius y Guarnieri, pero aun entonces los violinistas seguirán ejecutando en esas maravillas de Cremona y las considerarán la obra más perfecta del hombre.
(*) Fuente: Joseph Wechsberg, “Anatomía de un violín”, 

                                 Violín Stradivarius
Exposición de instrumentos Stradivarius “La estética de lo sublime” en Cremona.
Se han escrito numerosas hipótesis sobre la razón de la perfección del sonido Stradivarius.
La teoría más popular se basa en el uso de un barniz mágico cuya fórmula se habría perdido tras la muerte del artesano. Cuenta la leyenda que la escribió en una página de la Biblia familiar, que fue destruida por uno de sus descendientes para que el secreto no cayera en manos de extraños. Sin embargo, el Dr. Colin Gough, investigador de la Universidad de Birmingham del Reino Unido, en un artículo titulado “Ciencia y Stradivarius” descartan la existencia de un secreto en la composición del barniz.
La posibilidad de que la madera tuviera un cuidadoso y largo proceso previo de lavado y secado (hasta 60 ó 70 años) ha alimentado algunas teorías, más tarde rechazadas.
Stradivarius
Detalle del llamado “Hellier”, 1679. Colección Privada
Esta historia cuenta que el mismo Stradivari encontró un árbol dentro de un río de cuyo tronco de este árbol creó algunos de sus más renombrados instrumentos. Esta teoría se encuentra justificada a través del concepto de vibración que adquieren los materiales con el tiempo. Se dice que la propia madera adquirió la vibración del río, lo que le da un sonido único e irrepetible.
Una poética leyenda que afirma que Stradivarius extraía sus materiales de la madera de los barcos naufragados.
Las termitas y la carcoma eran un peligro constante e implacable en la época. El uso de unos polvos insecticidas desconocidos habría resultado ser el inesperado causante de su bello sonido.
El Dr. Joseph Nagyvary, un químico húngaro que es catedrático en la Universidad de Texas, observó los terribles efectos de las termitas sobre muebles e instrumentos musicales en el Norte de Italia, mientras que los Stradivarius no solían sufrir estos daños. Ello le llevó a la búsqueda de las posibles sustancias insecticidas usadas en el pasado con efectos acústicos, lo que le condujo a descubrir el bórax, insecticida y endurecedor de la madera, que produce un sonido más brillante; fungicidas, como la resina gomosa de los árboles frutales y polvo de vidrio triturado, usado como antitermita.
Para Nagyvary, el secreto radica en unos violines perfectamente construidos, usando maderas con un tratamiento previo prolongado de remojo que facilitaba la apertura de sus poros y, de forma fundamental, en el tratamiento final de la madera con una mezcla equilibrada y adecuada de las tres sustancias citadas.
El Doctor Nagyvary está reproduciendo estos procedimientos para fabricar violines y, como prueba de su acierto, alega que en diversas audiciones realizadas por especialistas y virtuosos, éstos no han logrado distinguir entre un Stradivarius y un violín Nagyvary.
Ésta es, quizá, la teoría más consistente hasta el momento.



Los científicos Lloyd Burckle, de la Universidad de Columbia y Henri Grissino-Mayer, de la Universidad de Tennessee, han propuesto una novedosa explicación para comprender el porqué los famosos violines Stradivarius, así como algunos otros construidos a finales del siglo XVII y principios del XVIII, son superiores en cuanto a sonido. Para estos dos investigadores, podría explicarse teniendo en cuenta el clima que imperaba en Europa y quizá en buena parte del mundo entre los años 1645 y 1715.
Conocida como el Mínimo de Maunder, esta era se caracterizó por una notable escasez de manchas solares y por una reducción de la actividad de nuestra estrella. Ello propició un considerable declive en las temperaturas que ha sido bautizado como “Pequeña Edad del Hielo”, un período de frío intenso que afectó sobre todo a Europa Occidental.
Los largos inviernos y fríos veranos durante este período de 70 años produjeron madera de lento y regular crecimiento, con anillos estrechos en los troncos de los árboles de los bosques europeos, propiedades muy deseables para la producción de instrumentos sonoros de gran calidad.
Stradivari nació precisamente un año antes del comienzo del Mínimo de Maunder. Él y otros fabricantes utilizaron la única madera disponible, de los árboles que crecieron durante esa era.
Burckle y Grissino-Mayer sugieren que la existencia de anillos estrechos en la madera no sólo hacía más fuertes los violines, sino que además incrementaba la densidad de la madera empleada.
Actualmente no existen las condiciones climáticas con las temperaturas que se produjeron en aquella época, y por lo tanto, la madera que emplean los mejores constructores de violines no posee las mismas características.

                                   violín Stradivarius Palacio Real
Violín del Cuarteto Real. Palacio Real de Madrid


IMAGEN CORTESÍA DE MARCO MALAGODI Y CLAUDIO CAVENARI

Un nuevo estudio llevado a cabo por Marco Malagodi, de la Università degli Studi di Pavia, en Italia, y otros colegas, ha utilizado una innovadora variedad de métodos analíticos para identificar las técnicas empleadas por el maestro en la construcción de violinesAntonio Stradivarius en el siglo XVII, consiguiendo reproducir, además, sus habilidades técnicas. El trabajo ha sido publicado, bajo el título «A Multi-Technique Chemical Characterization of a Stradivari Decorated Violin Top Plate», por el periódico digital Applied Physics A – Materials Science & Processing.
Malagodi y su equipo han empleado una variedad diferente e innovadora de diagnosis técnica para identificar las características y la composición de los materiales utilizados en un plancha superior original de un violín hecho por Antonio Stradivarius. También han estudiado el revestimiento de la superficie y su decoración. La pieza estudiada es propiedad de Charles Beare, experto en violines y fabricante de estos instrumentos de origen inglés, considerado como el mejor verificador de la autenticidad de estas piezas históricas en todo el mundo.
Los análisis llevados a cabo han revelado la ausencia de capas de barniz en la superficie de la plancha superior, como resultado de una amplia y excesiva restauración. Además, han identificado el uso de tinte en las capas negras de los purflings (nombre por el que se conocen las tres bandas de madera pegadas conjuntamente y dispuestas como un elemento decorativo que rodea la línea externa del violín justo en la parte anterior a su borde), y las características de los elementos blancos y negros utilizados para la decoración, lo que confirma que Stradivarius empleaba antiguas técnicas artesanales para el teñido de la madera.
Después de eso, los investigadores copiaron la plancha superior basándose en sus descubrimientos y utilizando para ello materiales similares a los que habían identificado en la pieza original del maestro italiano. Tras conseguir una réplica del objeto en estudio, sometieron la pieza obtenida a los mismos detallados análisis por los que había pasado el original para verificar el acierto de las conclusiones que había obtenido con el referente histórico.
«Nuestras investigaciones –concluye Malagodi- han aportado varios importantes conocimientos acerca de las técnicas de manufacturado de Antonio Stradivarius, y nos han permitido elaborar una hipótesis sobre la técnica utilizada por este maestro en la construcción de violines, o por sus ayudantes directos, para la decoración de los instrumentos que construía. Estos hallazgos suponen un paso muy importante en el estudio de los materiales empleados por los constructores de violines durante la segunda mitad del siglo XVII en el norte de Italia».

Por otra parte y siguiendo la linea de la investigación Químicos expertos, coordinados desde el Museo de la Música de París, han precisado la composición de la sutil capa que cubre la madera de los legendarios violines, que han pasado a la historia por su inimitable sonido, y lo que han hallado es casi corriente.
Según reveló hoy este museo de la capital francesa, Antonio Stradivari (1644-1737) y su taller empleaban una técnica que consistía en aplicar dos finísimas capas de barniz.
Un microscopio de infrarrojos ha ayudado a determinar su composición: la primera de las capas, elaborada con una base al aceite, similar al óleo utilizado en pintura, penetra solo ligeramente en la madera del instrumento.
En cuanto a la segunda capa, está compuesta de aceite y resina de pino, al que Stradivari incorporaba pigmentos que se empleaban y se emplean en la pintura, con los que prestaba a los instrumentos su característico tono rojizo.
La inspiración, pues, han constatado los expertos, la tomó el lutero de Cremona de los artistas pintores y así dotó a sus obras de ese matiz y textura tan especiales que atrae a intérpretes y que hacen de los instrumentos ejemplares únicos.
Los estudios se han llevado a cabo, explicó el museo francés, sobre los cinco "stradivarius" conservados en la institución, cuyos barnices han podido ser analizados con la ayuda del sincrotón "SOLEIL" (cerca de París), un instituto de Dortmund (Alemania) y otros tres laboratorios franceses.
Los violines del genio italiano alcanzan cantidades millonarias en subastas de todo el mundo y ya en el pasado se ha intentado dilucidar cuáles de sus componentes conceden a los instrumentos su característico sonido.
Un estudio publicado en 2008 en Estados Unidos aseguraba que "la densidad de la madera" era la clave y en varias ocasiones se apuntó al barniz como el responsable de la "magia" de los "stradivarius".
Ahora parece confirmarse que también en el "alma" de estos extraordinarios instrumentos, en la atracción que provocan en músicos, intérpretes y público, la explicación es, abstracción hecha del virtuosismo musical, sencilla y pura química.
http://www.abc.es/ciencia/20130722/abci-desvelado-secreto-violines-stradivarius-201307221228.html
http://www.mujerhoy.com/reportajes/barniz,legendarios,stradivarius,tiene,102945,12,2009.html
http://www.deviolines.com/el-mito-stradivarius/

1 comentario:


  1. ARACELI REGO: gracias por este profundo tema que nos compartes, famosos los instrumentos musicales de estos creadores universales, saludos afectuosos allende el mar.

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